(Aceprensa, 10 de septiembre de 2008)
Carmen Montón
Ámsterdam. Una
residencia de ancianos en Holanda propuso el pasado agosto a los
residentes mayores de 70 años que firmaran una declaración diciendo que
no querían ser reanimados en caso de sufrir algún tipo de ataque, a no
ser que... (y ahí se detallaban las excepciones). La iniciativa de la
residencia Sint Pieters en Amersfoort provocó que el Parlamento
reaccionara en contra y las autoridades sanitarias anunciaron una
investigación. Finalmente la residencia geriátrica retiró la propuesta,
no sin afirmar que en un futuro próximo la impondría.
El
público que no estaba de vacaciones reaccionó con el conocido carácter
bipolar que suelen provocar estas noticias, o bien asustado de que
impusieran límites de edad a la posibilidad de seguir viviendo, o bien
a favor de la medida, invocando el riesgo de ensañamiento terapéutico y
la autonomía de la persona sobre su propia vida. En el semanario
Elsevier,
una columna relaciona esta medida con la pendiente moral resbaladiza
que trajo la legalización de la eutanasia, al crear en el paciente el
derecho a decidir por sí mismo el momento de la muerte o al considerar
las medidas terapéuticas en función de sus costes y, más grave todavía
en este caso, poniendo un límite de edad.
Para entender en su
contexto la medida hay que tener en cuenta que en Holanda existen
residencias para ancianos, con diferentes ofertas de asistencia, según
el nivel de dependencia, y otros hogares exclusivamente para ancianos
muy enfermos. En estos últimos trabajan médicos con una especialidad
que sólo existe en los Países Bajos. Y aquí ya funcionaba desde hace
cuatro años y con el consentimiento de la subsecretaria de sanidad esta
medida del "no deseo ser reanimado, a no ser que...", aunque sin
asociarla a la edad.
Sin embargo, en el reciente intento de la
residencia Sint Pieters en Blokland Gasthuis se trata de ancianos en
principio sanos, aunque la vejez traiga siempre sus propios achaques.
"La política de no reanimar a ancianos a partir de los 70 es una
equivocación. Ancianos sanos viven con normalidad después de ser
reanimados", afirma el cardiólogo del hospital académico de la
universidad de Ámsterdam, Ruud Koster, miembro del European
Resuscitatium Council.
Según él, en Holanda existe el margen
legal para acogerse al deseo de no ser reanimado, pero también el
derecho a ser ayudado en caso de necesidad y la obligación de ofrecer a
todo individuo ayuda médica. La citada residencia iba a actuar en
contra de la ley negando a sus residentes lo que la ley prevé.
Koster
añade porcentajes de reanimación con éxito a partir de una
investigación realizada en la provincia de Holanda del Norte. También
aboga por tener en cada centro una clara política de reanimación y
dotar al personal de los conocimientos técnicos necesarios y utilizar
los medios más modernos. "En la operación de reanimar -asegura Koster
en una entrevista- la rapidez y la calidad de la ayuda son los primeros
requisitos para el buen resultado."