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Las leyes de suicidio asistido pueden pasar por alto la depresión PDF Imprimir E-mail
(El Mundo Suplmeento Salud, 18 de octubre de 2008)

En un momento en el que la legalización del suicidio asistido está en la agenda de trabajo de los Gobiernos de distintos países (España entre ellos), en los lugares en los que esta práctica se aprobó hace varios años, el debate gira en torno a las circunstancias que pueden condicionar las peticiones de ayuda a morir.
Un equipo de psicólogos y psiquiatras del estado de Oregón (Estados Unidos), donde los médicos pueden prescribir un barbitúrico a los pacientes terminales que quieran acabar con su vida, acaba de constatar que no siempre se está valorando la posibilidad de que esas personas padezcan depresión. En algunos de esos casos, sería el trastorno mental el que impulsa esa petición de socorro, por lo que el deseo del afectado cambiaría con el tratamiento de la patología mental. Las conclusiones de la evaluación se han publicado en la revista British Medical Journal.
La Ley de Muerte Digna de Oregón, en vigor desde 1997, establece una serie de criterios para la prescripción del medicamento letal, como que los profesionales deben cerciorarse de que el paciente ha tomado su decisión de forma voluntaria, que sufre una enfermedad que le va a provocar la muerte en los siguientes seis meses y que, en caso de duda sobre la existencia de un trastorno mental (como depresión) será remitido a un especialista en la materia para que evalúe si su capacidad de juicio está afectada.
Los autores del estudio comentan que el último criterio apenas se valora, ya que ninguno de los 46 individuos que recibieron ayuda para suicidarse en 2007 fue evaluado por un psiquiatra o un psicólogo.
El equipo encabezado por Linda Ganzini. del Centro Médico de Veteranos de Portland (Oregón), realizó entrevistas clínicas a 58 personas que sufrían patologías terminales -sobre todo cáncer y la enfermedad degenerativa conocida como esclerosis lateral amiotrófica- y habían solicitado ayuda para morir o se habían puesto en contacto con una organización que asiste a quienes se encuentran en estas circunstancias.
De los 42 pacientes que habían fallecido al final del estudio, 18 recibieron el barbitúrico para acelerar su muerte. Tres de ellos, que tomaron el medicamento letal poco tiempo después de ser entrevistados, tenían depresión. Según los investigadores, "aunque la mayoría de los pacientes terminales de Oregón que reciben ayuda para morir no tienen trastornos depresivos, la actual aplicación de la Ley de Muerte Digna no consigue proteger a algunos cuyas elecciones están influidas por la depresión".
En un comentario que acompaña al estudio, Marije van der Lee, del Instituto Helen Dowling de Utrecht (Holanda, donde está aprobado el suicidio asistido), ofrece un punto de vista diferente sobre la cuestión. En primer término, plantea la dificultad de determinar si dicho trastorno mental interfiere en el raciocinio de alguien que solicita ayuda para mirir, ya que "los pacientes deprimidos no son necesariamente incompetentes".
Pero lo más importante para esta experta es que "la depresión tiene un fuerte efecto negativo sobre la calidad de vida de los enfermos terminales y sus familias". Dado que esta patología puede ser tratada eficazmente, sugiere centrar el debate en evitar que estas personas se depriman, en vez de intentar "protegerlas del suicidio".
 
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