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El celador de Olot confiesa la muerte de otros ocho ancianos PDF Imprimir E-mail
(El Mundo, 30 de noviembre de 2010). Joan Vila "ayudó a morir" a ancianos "para evitar su sufrimiento".

El celador de Olot, Joan Vila, ha confesado la muerte de otros ocho ancianos ingresados en la residencia geriátrica La Caritat en la que trabajaba. En el momento de su detención ya confesó la muerte de tres, con lo que se confirmaría que se trata de un asesino en serie que habría acabado con la vida de 11 personas. Se duda de la autoría de una duodécima. Seis de los ocho nuevos asesinastos los habría cometido en 2010 y los otros dos en 2009.
El celador ha declarado por espacio de cuatro horas ante el juez que le ha pronunciado uno por uno el nombre de los 27 ancianos que han fallecido desde 2005 en la residencia geriátrica durante su turno para conocer si estaba detrás de los fallecimientos. Ha reconocido que envenenó y vio morir a 11, mientras que duda de que otra falleciera tras suministrarle medicamentos o posteriormente por causas naturales.
Según ha confirmado a los periodistas su abogado, Carles Monguilod, a la salida de la declaración, Vila ha asegurado que mató a tres ancianas suministrándoles lejía, a otras dos con una sobredosis de insulina y al resto casos con un cóctel de medicamentos.
El abogado también ha trasladado que Vila ha declarado no saber por qué comenzó a matar a los ancianos, si bien ha sostenido, como ya hiciera en su primera declaración, que buscaba liberarlos, cayendo en la contradicción.

Acorralado tras la exhumación
La segunda declaración se produce sólo diez días después de que el juez ordenase la exhumación de ocho cuerpos más al considerar que las causas de la muerte no estaban suficientemente justificadas en los partes médicos y comprobar que todas se habían producido en fines de semana, cuando el trabajaba.
Aun así, sólo seis de estos cuerpos pertenecerían a ancianos asesinados por Vila, según ha confesado él mismo.
Vila decidió pedir una nueva comparecencia ante el juez el pasado jueves con lo que ha seguido el mismo protocolo que en su primera confesión: decir la verdad antes de que las pruebas forenses confirmasen que las muertes fueron violentas.

 
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