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Freno a la eutanasia PDF Imprimir E-mail
(La Gaceta, 31 de enero de 2011). Francia ha dicho no a la eutanasia. En España se nos anunció una ley para la muerte digna que, antes de abrir un debate, se esfumó de los planos sociales sin saber por qué. ¿La guardará el Gobierno en el baúl de los intentos interrumpidos o estará ya a punto para taponar, dividiendo al respetable, la sangría de una España al borde del colapso?

Es preciso tener en cuenta que toda muerte humana es personalmente digna -la indignidad estaría en quien la propiciara- y siempre ha sido así. Morir, sin aditamentos espurios, es un hecho natural en el acontecer de la persona. Es, por otra parte, la consumación de la historia libre del hombre y a ella tendemos. Nacemos con una finalidad trascendente, la de tener que morir. Hay, pues, una antropología de la muerte y, como tal, una aceptación de ese episodio de la vida. Sobran, por tanto, los aspavientos sobre la dignidad en el morir. Sobra, por lo mismo, la eutanasia, ya que la naturaleza y la ciencia médica cuidan de que el tránsito sea lo más benévolo posible.

Lo que importa es que el enfermo terminal tenga los cuidados médicos que satisfagan sus necesidades prioritarias. Una ayuda individualizada ya que el morir mejor no es igual para todos. Los cuidados irán encaminados a procurar para el paciente mejoría subjetiva y alivio sintomático; la mayor autonomía posible, estimulando su implicación en la vida cotidiana; favorecer su comunicación abierta y la confianza mutua; que se sienta bien cuidado y apoyo para que pueda resolver cuestiones pendientes. Nada, pues, de encarnizamiento terapéutico ni de medidas extraordinarias ante la irreversibilidad del caso.

El enfermo terminal es portador de una imposibilidad razonada de tratamiento y un pronóstico de vida entre dos y seis meses. Es cierto que no hay suficientes dispositivos médicos para el cuidado de estos pacientes, que aunque la Comunidad de Madrid ha elaborado un plan quinquenal de cuidados paliativos, las carencias siguen siendo muchas. Pero eso no justifica, ni explica, el homicidio o el suicidio asistido -elementos fundamentales de la eutanasia- de un ser humano para quien la muerte biológica, que es un hecho natural, se convierte en espiritual.

 
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