(Alfa y Omega, 20 de enero de 2005). El pasado día 3 de enero en su casa de Castellar de Santiago (Ciudad Real), al lado de su mujer, nos dejó Ramoncillo. Un accidente, hace 17 años, al caerse de la mula, haciendo sus labores del campo, lo había dejado totalmente tetrapléjico.

ImageSe lo tenían que hacer todo. Tanto él como su familia no han dudado nunca en hacer frente con entereza a esta situación. La película de la vida de Ramón Tera Ferrón sí podría titularse, sin provocación a la verdad, Mar adentro, una inmersión profunda y absoluta en el mundo del sufrimiento y del dolor, para producir vida, para producir amor, para producir esperanza. Ramón ha dado una lección de amor a esta sociedad moderna, progresista y avanzada, que presume de compasión con la persona que sufre y padece («para que no sufra, para que no padezca?, nos quitamos el mochuelo de encima»). Y a esto nuestros conciudadanos lo llaman eutanasia, humanidad. La humanidad es lo que tú y tu mujer nos habéis enseñado. Y la verdadera compasión no es la que presume nuestro siglo XXI, es: padecer-con, sufrir con, estar junto al que está mal; eso sí es la verdadera compasión. No quería que pasase este momento sin recordar tu testimonio de vida sufriente. Es de justicia social, respetando la decisión de cada ciudadano, poner al lado del que pide la muerte, el que pide también la vida.
Quiero agradecer el testimonio de tu vida y la de tu mujer (entre nosotros), con su aplauso lleno de cariño y de admiración para ti, que seguramente me escucharás desde el cielo, con la ayuda de Dios.

Juan Carlos Camacho