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TRIBUNA: Sobre la sedación terminal PDF Imprimir E-mail

(Diario Médico, 16 de marzo de 2005). Miguel Casares. Presidente del Comité de Ética Asistencial del Hospital de Getafe. Analiza las diferencias entre la eutanasia y la sedación paliativa en pacientes terminales. Aclara que la sedación pretende aliviar el dolor y el sufrimiento del enfermo y requiere consentimiento previo del enfermo y familiares, y evaluación continuada de los resultados.

 
Hoy día la sociedad se encuentra inmersa en un intenso debate sobre la despenalización de la eutanasia, argumentando algunos el derecho de cada individuo a decidir la forma y el momento adecuado de su propia muerte, y otros, que supone legalizar el asesinato y un ataque a la libertad y moralidad humana. Pero no es este el motivo que nos trae aquí, sino establecer de manera clara las diferencias entre la eutanasia y la sedación paliativa en pacientes terminales, porque su equiparación nos ha traído una gran confusión.

Las diferencias fundamentales se encuentran en la intencionalidad, el procedimiento y los resultados. A diferencia de la eutanasia, la sedación paliativa no persigue acabar con la vida de una persona para librarle de su sufrimiento, sino aliviar el dolor, el sufrimiento y demás síntomas refractarios a otros tratamientos y aportar calidad de vida al paciente terminal. Puede alterar la conciencia del enfermo en determinados casos, pero persigue mantener el nivel de conciencia posible y la capacidad de comunicación.

Si bien ambos procesos requieren el consentimiento informado, en la sedación debe existir una indicación médica precisa, unos fármacos y unas dosis ajustadas a los padecimientos del paciente y una evaluación continuada de los resultados. En la eutanasia es suficiente con la administración de fármacos a dosis letales. En la sedación, el éxito del tratamiento es el alivio de los síntomas, y en la eutanasia, la muerte del sujeto. No es posible obviar que el efecto indeseable de la sedación puede ser acortar la supervivencia de estos pacientes, pero la indicación de sedación terminal ya sugiere que nos encontramos ante una muerte inminente en un paciente terminal.

Cambio social ante la muerte
En nuestra sociedad se han producido profundos cambios sociales y de valores que han afectado a la estructura familiar y a su papel tradicional en el cuidado de las personas enfermas. Hoy los pacientes no fallecen en casa, las familias acuden a las urgencias de los hospitales con sus familiares agónicos en demanda de atención, y no se les puede abandonar. Hay que asegurarles una asistencia de calidad científica y humana, como recomienda el Código de Ética y Deontología Médica.

Los objetivos de la atención médica al final de la vida deben ser: actuar en el mejor beneficio del paciente, no discriminar, respetar sus decisiones y evitar hacerle daño tanto prolongando innecesariamente el proceso de morir (encarnizamiento terapéutico) como acortando su vida deliberadamente (eutanasia).

La sedación es un procedimiento médico que requiere formación técnica, habilidades, recursos y que es recomendable protocolizar con el fin de facilitar la toma de decisión. El protocolo debería incluir un procedimiento diagnóstico y el fundamento de la indicación de sedación; la pauta terapéutica ajustada al paciente; el proceso de información y consentimiento, y la valoración de la respuesta al tratamiento.

Decisión compartida
La decisión de sedar debe ser compartida por paciente y familiares y por todo el equipo asistencial. Siempre debe obtenerse el consentimiento informado para iniciar una sedación y, cuando sea posible, debe obtenerse del propio paciente. Pero no siempre se le debe informar; no debemos olvidar que nos encontramos, por regla general, ante pacientes con bajo nivel de conciencia, deprimidos, en situación física y emocional muy frágil y, por lo tanto, muy vulnerables a la información. La información que no puede ofrecer consuelo y sí desesperanza y frustración no debe ser ofertada al paciente.

Lo realmente importante es que el profesional responsable de la sedación evalúe los valores, deseos y creencias del paciente tras un diálogo con él o con su familia, y que actúe en consecuencia. La existencia del documento de voluntades anticipadas sería de un gran valor para adecuar la asistencia a los deseos del paciente, sobre todo en situaciones de incapacidad o de ausencia de familiares, garantizando así su derecho a la autodeterminación.

Es recomendable la existencia de un formulario de consentimiento informado que incluya la información suministrada y la firma del paciente, tutor o representante legal. En el caso de que el consentimiento se base en la información verbal, se deberá dejar constancia razonada de todas las circunstancias del caso en la historia clínica del paciente.

Por último, hay que recalcar que los principios y objetivos fundamentales de la atención a los pacientes terminales son los de promover la máxima calidad de vida, dignidad y autonomía a los enfermos teniendo en cuenta sus necesidades físicas, emocionales, sociales y espirituales, considerando al enfermo y su familia como una unidad a tratar. Ello requiere la adaptación de nuestra organización asistencial a estas necesidades de los ciudadanos, por lo que la Administración sanitaria debe facilitar los medios humanos y materiales, así como colaborar en la formación continuada de los equipos implicados.


 
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