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La depresión cuadruplica el riesgo de solicitar la eutanasia PDF Imprimir E-mail

(Diario Médico, 4 de octubre de 2005). Las solicitudes de eutanasia son más frecuentes en pacientes que están deprimidos. Así lo demuestra un estudio realizado entre enfermos terminales de cáncer. Al hilo de esta investigación, el bioético Ezekiel J. Emanuel analiza los conflictos que surgen en torno a esta cuestión.

Los pacientes deprimidos son cuatro veces más propensos a solicitar la eutanasia que los que no lo están. A esta conclusión ha llegado un estudio realizado por los Departamentos de Ginecología, Oncología y Psicología Clínica de la Universidad de Utrecht (Holanda) y el Departamento de Epidemiología Clínica del Centro Médico Universitario de Leiden, en los Países Bajos.

El estudio se realizó en 138 enfermos de cáncer, con una esperanza de vida de 3 meses o menos en el periodo comprendido entre septiembre de 1999 y agosto de 2003. Para comprobar cuál era la relación entre la depresión y la frecuencia de peticiones explícitas de eutanasia se utilizaron las curvas de Kaplan-Meier y los análisis de regresión de Cox. Los resultados que se obtuvieron fueron los siguientes: de los 138 pacientes, 30 de ellos (el 22 por ciento) hicieron una petición expresa de eutanasia.
El riesgo de que los pacientes con depresión solicitaran que les dejaran morir era 4,1 veces mayor que en los que no estaban deprimidos, según publica Journal of Clinical Oncology.

Autores como Ezekiel J.Emanuel, del Departamento de Bioética Clínica de los Institutos Nacionales de la Salud, en la ciudad de Bethesda (Estados Unidos) abordan esta cuestión en una editorial que acompaña al estudio.

Emanuel destaca que el estudio, que ha sido dirigido por Marije L. Van der Lee en colaboración con otros investigadores holandeses, resulta más convincente si tenemos en cuenta que los autores consideraban que el resultado del estudio se iba a inclinar a favor del dolor como motivo principal de la eutanasia.

A su juicio, los datos que arroja hace que se consolide la tesis de la depresión, haciendo que se diluya el vínculo que existe entre el dolor y el interés en la eutanasia o el suicidio asistido.

Las solicitudes para estas intervenciones tienden más a estar guiadas por la angustia psicológica que por una elección racional de querer poner fin al dolor y terminar con el tratamiento.

Necesidad de tratamiento
Los datos empíricos destacan la necesidad de tratar la depresión y los trastornos psicológicos entre los enfermos de cáncer. El estudio de Van der Lee confirma que del 15 al 25 por ciento de los pacientes terminales probablemente sufren depresión. Los propios oncólogos reconocen que el diagnóstico y el tratamiento de la depresión no es una de sus mejores cualidades clínicas.
Una razón por la que los médicos no actúan con agresividad en el tratamiento de la depresión es porque tienen la idea de que los enfermos terminales están destinados a sufrir depresión al estar plantando cara al final de sus vidas.

Para Emanuel esta conclusión es incorrecta si tenemos en cuenta que entre un 75 y un 85 por ciento de enfermos terminales no están deprimidos.

"El hecho de que la depresión sea una reacción natural a una situación desesperada no significa que no deba ser tratada".
Los oncólogos, que ha respondido admirablemente al dolor, debe hacer lo mismo con la depresión. "Necesitamos ser igualmente proactivos en los screening rutinarios y en el tratamiento de la depresión y otros trastornos psicológicos entre pacientes con cáncer", apunta Emanuel. Los oncólogos deberían preguntar a sus pacientes en las consultas programadas si se han sentido deprimidos en las últimas semanas.

Por su parte, los autores del estudio sostienen que harán falta nuevas investigaciones para determinar si la depresión puede ser adecuadamente tratada en enfermos terminales y si se podría disminuir así la frecuencia de peticiones de eutanasia.

 
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