Diario Médico, 27 de enero de 2006.

La decisión de una mujer británica, todavía en uso de sus facultades físicas y mentales, de poner fin a su vida en una clínica suiza especializada en suicidios asistidos ha reavivado el debate en el Reino Unido sobre la eutanasia voluntaria.

La médico Anne Turner, de casi 67 años, consciente de sufrir una parálisis paranuclear progresiva, acudió con sus hijos a la polémica clínica Dignitas, de Zúrich.

Según Europa Press, el suceso ha reavivado el debate en el Reino Unido en torno a la eutanasia. Mientras que la médico, entrevistada por televisión antes de poner fin a su vida tras ingerir una sustancia letal, se lamentó de que las leyes británicas impidiesen a personas como ella morir en casa "en lugar de en un país extranjero", el obispo de Oxford aseguró que no siempre es justo acceder a los deseos de las personas y que la vida humana "no tiene precio"."No diríamos que sí a la petición de un adolescente si pidiera ayuda para suicidarse", declaró.

La doctora explicó lúcidamente que había decidido acabar con su vida en ese momento porque aún se encontraba en condiciones de tomar un avión y no quería ver empeorar su estado hasta el punto de que en algún momento no pudiese siquiera tragar los barbitúricos con que poner fin a sus sufrimientos.

Cuando se le diagnosticó la enfermedad en 2004 estaba aún en una fase precoz, y Turner podía caminar, comer y comunicarse todavía sin ayuda ajena, aunque con problemas.

La emisora BBC, a la que la propia Turner había pedido que la acompañase en sus últimos momentos, mostró cómo la afectada llegaba a la clínica por su propio pie, para luego desaparecer tras una puerta y, lejos ya de la cámara, ingerir los barbitúricos que iban a provocar su muerte en media hora.

Anne Turner, cuyo marido, también médico, murió en 2002 como consecuencia de una enfermedad degenerativa, había intentado suicidarse ya el pasado mes de octubre ingiriendo somníferos y antidepresivos, y al no conseguirlo optó por ponerse en contacto con la clínica Dignitas.