A diferencia de Jorge León, algunos enfermos eligen vivir pese a la parálisis y gracias a un ventilador que no "les ata" (como se ha escrito), sino que les permite vivir y compartir su vida, hacer proyectos de futuro y esperar la llegada de un tratamiento efectivo. Pero el precio para la familia es enorme. Además de seguir cuidando a una persona paralítica, deben ocuparse constantemente de controlar cuestiones técnicas complejas: del aparato que mantiene la vida, de los circuitos por los que pasa el aire, de las cánulas de traqueotomía, etcétera. En estas circunstancias, la atención en los domicilios por parte de un equipo cualificado es capital. La angustia del enfermo y de los cuidadores mejora llamativamente si disponen de un respaldo técnico adecuado. Pero, a diferencia de lo que pasa en otros países europeos, este tipo de asistencia es excepcional en España. Y nadie ha hablado estos días de este punto. Es desalentador que nadie haya subrayado la falta de atención adecuada a los que, pese a todo, eligen vivir, que no son pocos. Y sorprende que nadie haya planteado una pregunta capital: ¿por qué Jorge León no recibió la mejor ayuda médica posible en sus últimos momentos? ¿Qué o quién ha fallado estrepitosamente en el sistema para dejar a Jorge desamparado.

Emilio Servera Pieras (Neumólogo)  -  Valencia
(El País, Cartas al Director, 12 de mayo de 2006)