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Miércoles, 17 Julio 2019
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A propósito de Jorge León PDF Imprimir E-mail

Recientemente hemos asistido, una vez más, a la triste ceremonia de la confusión creada en torno a un caso de suicidio asistido. En este caso ha sido el de un “pentapléjico” (¿quién ha inventado esta palabra?) de Valladolid, llamado Jorge León, quién a consecuencia de un accidente doméstico aparentemente banal, quedó hace unos años con una lesión medular cervical y una tetraplejia secundaria.

Jorge León estuvo durante los meses anteriores a su fallecimiento escribiendo en un blog de Internet sus vivencias: “Quiero morir dignamente; quiero vivir mi muerte bien consciente de lo que voy a hacer”, escribía pocos días antes de su no aclarada muerte. Como ya suele ser costumbre, en torno a un suceso como éste, asistimos a un proceso de toma de posiciones por los partidarios de lo que se viene a llamar una “muerte digna”, y los que están en contra de la posible regularización de la eutanasia. Y como también suele ser habitual, la falta de rigor en la información sobre las circunstancias que rodean a la vida de los protagonistas suele añadir un plus de manipulación por parte de las personas que carecen de los más elementales escrúpulos, con tal de intentar llevar el debate a su terreno.

Lo que suele ser común en estos casos, es que las personas que llegan a una situación tan límite no estén atendidas desde el punto de vista médico, social y familiar; si a un ser humano que tiene una enfermedad avanzada incurable, o padece una discapacidad grave, se le añaden problemas en su entorno laboral, de integración social, síntomas físicos o psíquicos mal controlados e incluso desintegración del núcleo familiar, es fácil que la única salida “digna” que pueda contemplar sea la de una muerte rápida. Además, es en este entorno donde personas con muy pocos escrúpulos aprovechan estas circunstancias para aconsejar la solución más sencilla, barata y rápida: la eutanasia o el suicidio asistido.

En un país como España, donde los avances sociales conseguidos en las últimas décadas, tanto en materia de sanidad como de ayudas económicas a los discapacitados y enfermos, han sido muy notables (a pesar de que queda mucho por hacer), el derecho a que toda persona tenga acceso a unos cuidados paliativos de calidad debería de ser una prioridad absoluta; pero eso no es así actualmente, ya que estos sólo llegan a un tercio de la población aproximadamente. Y eso a pesar de que está ampliamente demostrado que los cuidados paliativos son eficaces y eficientes, y encima consiguen un notable ahorro de medios económicos al sistema de salud, además de proporcionar una atención integral al final de la vida, cubriendo todos los aspectos (sociales, psicológicos, médicos y espirituales) que habitualmente rodean a estas personas y sus familias.

Como conclusión, creo que si no queremos que se sigan manipulando estos tristes sucesos por parte de quienes sólo están interesados en la despenalización de la eutanasia, debemos exigir a los responsables de la sanidad pública, que de forma prioritaria se doten dichos sistemas de recursos suficientes para que la cobertura de los cuidados paliativos sea universal. Y mientras estos no sea así, los políticos responsables están incurriendo en una grave negligencia.

Álvaro Gándara del Castillo
Máster en Cuidados Paliativos

(ABIMAD, Boletín de la Asociación de Bioética de la Comunidad de Madrid, Julio 2006)

 
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