(ABC, Cartas al director, 21 de febrero de 2007)

Cuando ocurre algún caso aislado, como en días atrás el suicidio de Madeleine -que al parecer, además de su enfermedad ELA (esclerosis lateral amiotrófica), sufría una gran depresión-, corren ríos de tinta, debates televisivos, tertulias radiofónicas... y la intentan proclamar como una heroína.

Pero nadie se acuerda, ni habla de tantas y tantas personas que luchan a diario. He leído opiniones de personas que padecen la misma enfermedad, otros tetrapléjicos con enfermedades incurables; sin embargo, todos con unas ganas de vivir y luchar, viven alegres y con dignidad. Vale la pena seguir trabajando , comenta el sacerdote don Luis de Moya, que lleva 15 años tetrapléjico. Cuesta superarlo, pero vale la pena, se puede disfrutar también desde y con la enfermedad.

Y es que estamos confundiendo la dignidad con la calidad de vida: son enfermos incurables, no «incuidables». La solución es que no se sientan solos. La verdadera piedad y compasión no es la que quita la vida, sino la que la cuida hasta su fin natural.

Rita B. Villena
Málaga