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La enfermera asesina PDF Imprimir E-mail
(ABC, 30 de junio de 2007)

"Actué en el interés de mis pacientes", había alegado ante el juez Irene Becker, antes de admitir que nunca preguntó su opinión a los ocho enfermos a los que quiso despenar, a seis de ellos con éxito funeral. El fiscal ha hecho notar en esta enfermera de La Charité intenciones poco caritativas y, más bien, una rara tendencia a "decidir sobre la vida y la muerte". La abogada de las familias afectadas ha visto incluso una pretensión de "ejercer y mostrar su poder. Ni uno de sus pacientes le pidió que actuase en su nombre".
El fiscal ha demostrado que Becker, descubierta en 2006 por sus colegas tras un aumento de muertes en Cardiología, puso una inyección letal a un paciente porque le enervaba que no se calmase. La condolida enfermera sabía su oficio y, a otra mujer con un corazón frágil, le administró una dósis para elevar la presión arterial mientras a su lado la acompañaba su inadvertido marido. También que mató a una paciente que expresamente había reiterado a varios médicos que su deseo sería morir en su casa.
El nuevo caso de prepotencia médica cursada como compasión sigue a abusos probados en clínicas de Baviera, Wuppertal y Bielefeld, así como en Viena, Holanda, Noruega y EEUU. El pasado año, un joven enfermero bávaro fue condenado de por vida, como el mayor asesino en serie desde el nazismo, tras probarsele 28 asesinatos de pacientes con similar cobertura humanitaria.
Stephan Letter militaba por el suicidio asistido y, cuando fue contratado en la clínica Sonthofen, creyó verse vindicado, aplicándose a despachar en año y medio a 17 mujeres y 11 varones que ni eran enfermos graves ni aún terminales. "La salud de sus pacientes le interesaba a lo sumo superficialmente", determinó la sentencia, "le molestaba la visión de los enfermos" en aquel apacible paisaje alpino.
Cuando unos van a la eutanasia otros han vuelto y Alemania es país donde ésta se aplicó efectivamente y contra la que hoy existe reparo político y contrafuertes legales. Antes que Hitler, la deificación adquirida por la ciencia en los años 20 llevó a cierta tiranía cientifista en Centroeuropa, que buscó el favor político, como expone Ernst Klee en "La medicina nazi y sus víctimas"; de resultas, un genocidio entre enfermos y "no normales" pudo ser facturado como progreso.
También en Suiza hay una causa contra la organización Dignitas, que oferta suicidios asistidos "fáciles e indoloros", por denuncias de largas agonías, y contra su fundador por prevaricación y sadismo encubiertos. En Berlín, tras escuchar entre lágrimas ayer la condena de por vida, la enfermera Becker pidió perdón a las familias "por el error de pretender intervenir en el destino de otros"
 
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