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Entrevista al Dr. Gómez Sancho PDF Imprimir E-mail
Entrevista al Dr. Gómez Sáncho, experto y pionero en Cuidados Paliativos de Canarias, en la Revista Fusión (Diciembre de 2004).

AL OTRO LADO

MARCOS GOMEZ SANCHO
-Médico-

MARCOS GOMEZ SANCHO

Nadie se imaginaba que una hernia lumbar iba a cambiar la vida de este médico, especialista en anestesiología y reanimación. Después de operarse, sufre una importante infección quirúrgica que le obliga a vivir postrado en una cama durante tres años, sin poder moverse, dependiente y preso de un dolor insoportable en la médula. Después de vencer con valentía a la enfermedad, decide especializarse en Cuidados Paliativos. Hoy, el doctor Marcos Gómez Sancho, es un referente en lo que a este tema se refiere. Sabe qué es el dolor y qué se vive en esa fina línea que separa la vida de la muerte.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"El encarnizamiento terapéutico es una inmoralidad, por eso ahora se hace tanto énfasis en los testamentos vitales"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


"Los ciudadanos quieren tener la seguridad de que si tienen una enfermedad incurable y están inconscientes, exista un documento legal donde figure que se niegan a recibir tratamientos desproporcionados. Eso va contra la dignidad del ser humano"

 

 

 

 

Texto: Mariló Hidalgo
Foto:  Arán Ediciones


Una noche, por casualidad, tuve la oportunidad de ver en el programa Documentos TV de La 2, un documental sobre la Unidad de Cuidados Paliativos de El Sabinal. El hospital de Gran Canaria, donde -hasta que se cerró-, trabajaba el Doctor Marcos Gómez, creador y director de ese servicio. He de confesar que aunque el tema era duro, había algo que me impedía cambiar de canal y me obligaba a permanecer allí, escuchando en silencio las reflexiones de aquellos enfermos terminales de todas las edades. Qué les ocurría a cada uno; cómo era su día a día; cómo era su relación con el equipo de médicos; cómo les trataban el dolor. Hablaron de la muerte como algo que estaba a la vuelta de la esquina y también de la vida, de los valores, de la sociedad. Los testimonios de los médicos y profesionales que habían decidido compartir sus vidas con aquellos enfermos, se entremezclaban con los comentarios de los pacientes: por qué habían elegido la Unidad de Paliativos; cómo se las arreglaban para psicológicamente no derrumbarse, y así poder seguir ayudando a todas aquellas personas que sobre todo buscaban cariño. Aquel equipo de profesionales hablaba de una medicina distinta. Más humana, más real, donde la vida y la muerte formaban parte de una misma cosa, la existencia humana. Recuerdo la reflexión de una médico que decía más o menos así: "yo creo que el hombre no viene aquí para sufrir y padecer, por mucho que insistan las religiones. Viene a evolucionar". Al final del documental se echaban de menos algunas caras que nos habían acompañado durante esa hora de programa. Alguien nos dice que ya han iniciado su viaje.
A las pocas semanas conocí al artífice de este servicio, pionero en España. Con él tuve la oportunidad de hablar sobre éstas y otras cosas.

-A pesar de que en España funcionan casi 350 programas de cuidados paliativos, hablar hoy de este tema nos obliga a dirigir la vista al Hospital de Gran Canaria Doctor Negrín y al doctor Marcos Gómez Sancho, director de la Unidad. ¿Por qué?
-Llevamos casi dieciséis años trabajando en esto. Tenemos un servicio pionero en España que en estos momentos funciona muy bien. Ofrecemos un servicio integral que nos permite dar respuesta a enfermos terminales en cualquier ubicación dentro de la provincia de Las Palmas. Contamos con un equipo de soporte intra-hospitalario que atiende a enfermos diagnosticados avanzados o terminales por cualquier otro servicio del hospital. También disponemos de consultas externas; un área de hospitalización con dieciocho habitaciones individuales; tres equipos de asistencia domiciliaria -dos para el medio urbano y uno para el medio rural-. Y por último, existe un médico de guardia localizado con servicio telefónico, las veinticuatro horas del día. A ello hemos de añadir el trabajo que venimos realizando desde hace años, de divulgación a través de cursos, libros, conferencias. Por eso somos tan conocidos. Desde el principio tuve muy claro que mi labor era doble. Por un lado, atender a los enfermos de la mejor manera posible. Por otro, procurar que de esto se enterase todo el mundo. No puede morir un enfermo más en nuestra sociedad sin la debida atención o en malas condiciones, porque su médico o enfermera no sepan qué hacer con él.

-En la sociedad de valores en la que vivimos es difícil enfrentarse a la muerte. Sigue siendo algo de lo que no se habla. En cambio, en las culturas primitivas era un hecho que formaba parte de la propia vida. ¿Es que nuestra civilización ha dado un paso atrás?
-En los últimos cincuenta años han coincidido una serie de factores que sin duda han contribuido a esto. En primer lugar, el desarrollo de la propia medicina: antes no se curaba casi nada, toda la medicina era paliativa. Ahora con el desarrollo de la medicina moderna, se habla continuamente de los milagros médicos de manera que, cuando un enfermo es potencialmente curable, no existe ningún tope de recursos para salvarle la vida. Por el contrario, cuando un enfermo es incurable se le niega todo.
En paralelo, la sociedad también se ha desarrollado. Hay crisis de valores tradicionales que han sido sustituidos por la riqueza, la belleza y la juventud. Todo aquello que no produzca, que no consuma, cada vez está más apartado del sistema. Otro factor que también ha contribuido es el proceso migratorio del medio rural al medio urbano, que ha coincidido con la incorporación de la mujer al mercado laboral; viviendas más pequeñas; pocos hijos, etc. Antes las familias eran numerosas y había todo el tiempo del mundo para cuidar de los enfermos, la medicina era más humana y cercana. Creo que hoy, morirse es más difícil que en otras épocas.

-Me imagino que el hecho de ayudar a los demás a morir, le obliga a enfrentarse continuamente a la idea de su propia muerte. ¿Qué concepto tiene de ella?
-Es inevitable que surja esta reflexión que usted me hace, porque además creo que uno de los motivos por los que habitualmente los médicos no prestamos la debida atención a estos enfermos, es por miedo a nuestra propia muerte. Es como una especie de espejo al que no siempre nos gusta mirar. Por eso nos cuesta más atender a otro colega, a alguien de nuestra edad, o a un muchacho de la edad de nuestro hijo. Cualquier detalle que nos haga identificarnos con el moribundo. En mi caso, no digo que llegue a importarme poco mi propia muerte, porque eso es imposible, pero sí me obliga a procurar situarme en una posición libre de la tanatofobia que existe en nuestra sociedad, para poder acompañar mejor al enfermo.

-Personalmente, ¿cómo lo lleva?
-Ahora lo llevo mejor, pero como todo el mundo he realizado mis recorridos. Al principio lo llevé muy mal, especialmente cuando morían jóvenes. Con la práctica, he aprendido a hacerlo mejor y sin duda, el equipo que tiene uno al lado ayuda mucho. Cuando empecé estaba totalmente sólo y hoy, somos más de cuarenta personas en esta unidad. El equipo sin duda amortigua las emociones y nos ayudamos mutuamente.

-¿Qué concepto tiene de la vida?
-Es lo más maravilloso que conocemos. Es un bien muy escaso y creo que todos deberíamos de tenerlo muy presente para poder vivir de otra manera.

-Supongo que en su Unidad para eliminar o mitigar el dolor será fundamental la morfina. ¿Por qué sigue siendo éste un tema polémico?
-Desgraciadamente a lo largo de casi todo el siglo XX nos ha llegado de EEUU una política totalmente restrictiva, coercitiva hacia cualquier tipo de producto considerado droga. Como consecuencia a la morfina se la ha considerado como una droga de recreo, olvidándose que es un fármaco, analgésico, utilísimo. Estas leyendas infundadas, han impedido que muchos enfermos hayan podido acceder a un analgésico de la potencia suficiente para aliviar su dolor, porque la sociedad y los propios médicos, lo creían dañino y pernicioso.

-La morfina alivia los dolores físicos, pero ¿cómo curan ustedes los dolores del alma?
-Nuestro objetivo no es sólo curar los dolores físicos, sino acompañar al enfermo y ayudarle a hacer más tolerable la última enfermedad. En casos de cáncer, existe un dolor tan intenso que es necesario emplear opioides potentes. Son analgésicos que deben ser utilizados en el contexto de una relación médico-paciente de amistad, humanitaria, donde es difícil establecer límites. La misión del equipo interdisciplinar de cuidados paliativos es la atención integral del enfermo terminal y sus familiares. Y ahí está contemplado desde su estado emocional, los temas relacionados con su dimensión espiritual, aspectos burocráticos, sociales, económicos, etc.

-En esta Unidad me imagino que alguna vez habrá sonado la palabra eutanasia. ¿Qué piensa cuando un enfermo le habla en esos términos?
-Curiosamente en estas unidades es donde menos suena esa palabra, lo que nos lleva a pensar que si hubiese más servicios de esta índole, menos se hablaría del tema. Cuando un enfermo está bien atendido es difícil que quiera morirse. Lo digo basándome en la experiencia tanto de nuestra unidad como de otras muchas. Aunque no se puede generalizar, el que pide eutanasia con toda seguridad está solicitando que le quiten el dolor, que no le abandonen, que no le consideren muerto antes de morir, que la sociedad y la propia familia no le tengan como a una carga... Ante esto, creo que la sociedad debería de reflexionar. No se trata de discutir quién está a favor o en contra de la legalización de la eutanasia, antes se debería de mirar cómo se les puede atender lo mejor posible para que no lleguen a pedirlo.

-Deberían de existir por tanto más Unidades de Paliativos en España.
-En el 98 se creó una Comisión en el Senado para estudiar el tema de la eutanasia y fui invitado a dirigirme a los Senadores para comentar mi experiencia al respecto, que coincidió con la de otras personas también consultadas. Antes de legislar para quitarles la vida, ¿qué tal si estudiamos cómo atenderles? Aquello debió calar tan hondo que desde allí, instaron al Gobierno a que hiciese un Plan Nacional de Cuidados Paliativos. Se publicó por el Ministerio de Sanidad en 2001, ahora estamos acabando 2004 y no se ha hecho prácticamente nada. Sigo creyendo que un país, gobierno o estado que no administre una adecuada atención a los enfermos candidatos a solicitar la eutanasia y despenalice, legalice o legitime, alguna forma de acabar con ellos, está cayendo en una irresponsabilidad. No hablo de legalizar o no la eutanasia, sino que éste no es el tema prioritario.

-Si un enfermo le pide que mitigue su dolor y usted sabe que con ello se puede acelerar el proceso de su muerte, ¿lo haría?
-Llegado un determinado momento, ante situaciones muy avanzadas, cabe la posibilidad de que a algunos enfermos con dolor o síntomas especialmente refractarios, rebeldes a otros tratamientos, nos vemos obligados a disminuir la conciencia al paciente y sedarle. Si esta medida, indirectamente le acorta la vida, éticamente es aceptable porque entraría dentro de los efectos secundarios. Nuestro objetivo nunca es acortar la vida, sino aliviar los síntomas de ese enfermo para que no tenga una muerte mala.

-La medicina sigue estando enfocada casi exclusivamente a la lucha por la vida y ocurre en ocasiones que algunos pacientes se ven sometidos a un verdadero encarnizamiento terapéutico en sus últimos momentos de vida.
-Eso es una inmoralidad, algo que se ha de evitar a toda costa por eso ahora, se hace tanto énfasis en los testamentos vitales o documentos de voluntades anticipadas. Los ciudadanos quieren tener la seguridad de que si tienen una enfermedad incurable y están inconscientes, exista un documento legal donde figure que se niegan a recibir tratamientos desproporcionados. Eso va contra la dignidad del ser humano.

-¿Dedica íntegramente su vida a esto?
-Sí, aunque tengo también muchas aficiones. Me gusta la música, toqué la guitarra durante años. Hasta hace muy poco también hacía fotografías en blanco y negro. Al final lo dejé por falta de tiempo. Y ahora tengo otro hobby que se llama Carolina y tiene cuatro años. Esa es mi afición principal. ∆

 
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