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Nuevo modelo sanitario PDF Imprimir E-mail
(La Gaceta, 12 de febrero de 2008)

Es el Partido gubernamental en su carrera hacia la extrema izquierda quien ha convertido el análisis de lo sucedido en el hospital Severo Ochoa en un caso político.

Tanto el Presidente del gobierno Zapatero como el ministro de sanidad Soria han llevado la politización hasta el extremo del enfrentamiento interterritorial con la Comunidad de Madrid. Sus reclamaciones de responsabilidades son políticas y en consecuencia enfrentan una política sanitaria, expresada en la discutible actuación de Luis Montes como jefe de urgencias, contra otra, representada por la Comunidad de Madrid y que implica  el rechazo de esa actuación mediante la destitución del responsable del servicio. Respecto a esto último, estamos hablando claramente de política sanitaria en cuanto los tribunales de justicia ya han determinado que el cese fue ajustado a derecho.

El centro de la política sanitaria que se discute es la sedación terminal en el servicio de urgencias, presumiblemente como medio de aliviar la carga hospitalaria de los servicios. El medio es la marginación de las unidades de cuidados paliativos en busca de una mayor eficacia en la "resolución de los casos". Una cuestión derivada importante que no puede soslayarse en la sustitución de historiales clínicos de servicio "normal", por un galimatías urgente en el que no consta, por ejemplo, con claridad el consentimiento informado en un número relevante de casos. Otra consecuencia de la decisión de no derivar los pacientes a los servicios indicados y sedarlos en urgencias es la tendencia a utilizar dosis excesivas en varios casos analizados. Dosis que se consideran excesivas, todo debe aclararse, según los criterios habituales de las unidades de cuidados paliativos que realizan su actuación con unos criterios que no implican, claro esta, el recurso habitual a la sedación terminal.

Esta política preconizada por el candidato socialista implica necesariamente un aumento de las muertes en urgencias, sobresaturadas. Una reducción de fallecimientos del cincuenta por ciento desde que se sustituye un jefe de servicio es lo suficientemente relevante como para que se analice con rigor ese dato.

Indudablemente la opción por la urgencia implica una reducción llamativa de costes y de esfuerzos, el reverso de la moneda, que se ha hecho patente en las protestas de familiares implicados, es la reducción del derecho al consentimiento verdaderamente informado y una sustitución del propio concepto de cuidado paliativo, poco apto para las urgencias, por el de resolución del caso, por decirlo con un eufemismo.

Es también relevante en la nueva política propuesta la tensión ética que crea en el servicio, no sólo por la llamativa salida de profesionales que se produjo en el caso de Leganés, por discrepar de la opción adoptada, sino por el continuo cambio de criterio según el profesional que se fuese sucesivamente haciendo cargo del paciente, como se prueba en algunos de los historiales clínicos sometidos a discusión.

En un provocativo artículo el médico y bioético norteamericano Leon Kass, tratando sobre la eutanasia, se preguntaba si usted quiere a su médico con autorización para matar. Parafraseándolo podríamos preguntarnos si queremos entrar en un servicio de urgencias dirigido a lo Montes. Es más, tal como se han puesto las cosas debemos analizar, especialmente quienes tengan mayor riesgo de acabar en unas urgencias hospitalarias públicas por su delicado estado de salud o su enfermedad crónica avanzada, si la política propuesta es la que se quiere que siga el próximo gobierno de España. Por usar uno de los lemas electorales en juego, Zedación también se escribe con Z de Zapatero.

Jose Miguel Serrano
 
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