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Eutanasia: poder incontrolable para el médico PDF Imprimir E-mail

(Diario Médico, 18 de marzo de 2009)

Herbert Hendin es psiquiatra del New York Medical College y director médico del Suicide Prevencion International. En una entrevista con Diario Médico, Hendin advierte de las fatales consecuencias de la legalización de la eutanasia y del suicidio asistido. Su primera obra traducida al castellano, Seducidos por la muerte, relata cómo esta práctica se ha convertido en algo incontrolable en Holanda, primer país que la despenalizó.
M. Esteban/G. De Santiago 18/03/2009
 
Hace siete años Holanda se convertía en el primer país del mundo en legalizar la eutanasia. Desde el 1 de enero de 2002, en ese país los médicos podían aplicar a los pacientes terminales el suicidio asistido siempre que se cumplieran unos requisitos estrictos. Desde entonces la despenalización de la eutanasia se ha extendido a Bélgica y a estados norteamericanos como Oregón, Washington.
 
Uno de los mayores expertos del mundo en esta materia es Herbert Hendin, catedrático de Psiquiatría del New York Medical College y consejero delegado y director médico de Suicide Prevencion International. En una entrevista concedida a Diario Médico, Hendin habla de los peligros de abrir la puerta legal a la eutanasia, del papel de los médicos en los momentos finales de la vida del enfermo y de casos reales en los que la muerte de un paciente se ha encubierto como un suicidio asistido justificado. El estudio de Hendin sobre los efectos de la despenalización de la eutanasia en Holanda se recoge en su libro Seducidos por la muerte, traducido ahora al castellano.
 
Quienes apoyan la eutanasia y el suicidio asistido apelan al derecho de autodeterminación del paciente. ¿Por qué considera este planteamiento erróneo?
-Hoy en día en algunos países de Asia como Pakistan y la India los que intentan suicidarse van a la cárcel. En occidente no existe prohibición legal, pero tampoco un derecho a morir que insinúe que la sociedad tiene obligación de ayudar a la gente a cometer un acto así, y si hubiera un derecho debería serlo para todo el mundo y no sólo para los pacientes terminales. Por ejemplo, los enfermos crónicos pueden sufrir muchos más años. Además, los que no tienen acceso a una buena atención médica paliativa y no tienen alivio para el dolor agudo no pueden elegir, porque sus únicas opciones son el sufrimiento o una muerte adelantada.
La Corte Suprema de Estados Unidos ha dictaminado que los pacientes no tienen derecho a morir, pero sí a esperar una buena atención al final de la vida, algo con lo que estoy de acuerdo.
 
En su libro hace un simil entre el estado anímico de los paciente con antecedentes suicidas y los que por enfermedades graves, degenerativas o estados psicológicos piden a los médicos ayuda para acabar con su vida. ¿En qué medida la actuación del médico sobre ese estado anímico puede ayudar a reducir las peticiones?
-En la práctica los pacientes que piden a los médicos terminar con su vida les están diciendo básicamente que se sienten desesperados por su sufrimiento físico y psicológico. Si tienen un médico que sabe cómo tratar esos sufrimientos los pacientes ya no quieren morir. El problema es que la mayoría de los médicos no saben cómo tratar a los pacientes terminales desde el punto de vista psicológico y médico; no han sido formados para saber hacerlo.
 
¿Por qué la legalización de la eutanasia puede hacer esta práctica incontrolable?
-Una manera por la que lo sabemos es por la experiencia en Holanda, donde es legal si se siguen los protocolos. The Royal Dutch Medical Association (la Real Asociación Médica de Holanda) entrevista y encuesta a sus médicos cada cinco años sobre su experiencia con el suicidio asistido y la eutanasia. De ahí hemos aprendido que los protocolos creados para proteger a los pacientes son violados frecuentemente. Los protocolos que exigen recabar el consentimiento voluntario del paciente cuyo sufrimiento no puede ser aliviado no están siendo seguidos. La violación más inquietante concierne a los médicos que acaban con la vida de pacientes terminales que no han sido preguntados. Uno de los casos que lo ilustra fue el de una monja cuyo médico terminó con su vida cinco días antes de que ella fuera a morir naturalmente porque estaba pasando por un dolor espantoso. Al parecer sus convicciones religiosas no le permitían pedir que se adelantara su muerte. En otro caso una paciente con un cáncer de mama muy extendido y que rechazó la eutanasia vio cómo terminaban con su vida porque, en palabras de su médico, "podría haber pasado otra semana antes de que muriera y necesitaba su cama". Legalizar la eutanasia hace que los médicos se animen a sentir que saben mejor que nadie quién debe vivir y quién debe morir.
 
¿La legalización ha variado los principios básicos de la Medicina?
-En Holanda y en el estado de Oregón, sí. La mayoría de médicos, tanto en Estados Unidos como en Europa, no saben como aliviar el sufrimiento de los pacientes terminales. No se sienten cómodos con pacientes que están muriendo y a los que no pueden curar y no saben cómo ayudarles. El ser capaces de acabar con el sufrimiento con el suicidio asistido y la eutanasia les hace sentirse menos impotentes.
 
Sin embargo, la medicina supone ayudar a la gente a la que no puedes curar a sentirse confortable. No curamos diabetes, pero posibilitamos que la gente viva con ella. Los pacientes necesitan que sus médicos les alivien el sufrimiento y que estén con ellos hasta el final, pero no muchos facultativos tienen capacidad emocional o formación médica para eso.
 
¿Hay médicos que piensan como usted y no se atreven a decirlo?
-La mayoría de los países son opuestos a la legalización y los médicos hablan de ello abiertamente. En Holanda era políticamente incorrecto hablar de la eutanasia y varios médicos me dijeron cómo su carrera se había resentido cuando lo hicieron. La educación en cómo aliviar el sufrimiento emocional y físico es lo que está empezando a cambiar. Un número de médicos holandeses ha manifestado públicamente su arrepentimiento por haber aplicado la eutanasia a pacientes antes de haber sabido lo que saben ahora sobre atención paliativa. Reconocen que muchas peticiones para la eutanasia son para aliviar la angustia.
 
Del caso aislado al presente en Holanda
Cuando casos aislados como los de Eulana Englaro, Ramón Sampedro, Inmaculada Echevarría o Terry Schiavo saltan a la luz pública, el debate sobre la legalización de la eutanasia vuelve a cobrar protagonismo. En el caso de Anglaro, Herbert Hendin, opina que "un paciente tiene derecho a rechazar la hidratación y la alimentación a no ser que tenga una grave enfermedad mental. Si el paciente no puede decidir, normalmente lo hace el familiar más cercano". Uno de los casos analizados por Hedin es el de Christopher Reeves. "El paciente tetrapléjico que se mantiene vivo por medio del respirador tiene derecho a que sea apagado y el que puede pasar parte del día sin el aparato quiere vivir". Cuando Reeves quedó conectado a un respirador quiso que se le retirara. "Estaba capacitado para insistir en ello, pero sus médicos fueron suficientemente prudentes como para persuadirle de que esperara unos meses a que pudiera estar sin respirador. Vivió y trabajó para encontrar una cura a su problema. Encontró sentido a su vida".

Hace ya diez años desde la publicación de Seducidos por la muerte, pero ¿ha cambiado la práctica del suicidio asistido en Holanda? Hendin se muestra esperanzado de que sus trabajos y los de otros investigadores "sean una contribución para cambiar la situación". La atención paliativa está teniendo un papel importante, pues según cuenta Hendin, se han abierto centros de atención paliativa. "La educación en la atención paliativa en Holanda parece contribuir al hecho de que la eutanasia está decreciendo". Sin embargo, advierte que "el porcentaje de casos en los que la vida de los pacientes están acabando sin haber sido preguntados permanece inalterable y los especialistas en paliativos en Holanda lo reconocen como un problema en curso".

La realidad de un drama
Se podría pensar que Seducidos por la muerte es un estudio estadístico de la repercusión de la legalización de la eutanasia en Holanda.
La obra de Hendin es estremecedora de principio a fin. No sólo relata cómo se realiza un suicidio asistido -el caso Netty Boosmsma, que lo pidió tras morir sus dos hijos y sin tener enfermedad física-, sino que analiza factores que pueden influir en la decisión del paciente, como la depresión, el miedo a la muerte, etcétera. Hendin parte de su experiencia en Holanda y de las conversaciones que mantuvo con médicos que defienden y practican el suicidio asistido.

 Herbert Hendin, Seducidos por la muerte, Editorial Planeta, 350 págs.

 
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