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"Suministrar morfina no es eutanasia" PDF Imprimir E-mail

(La Verdad de Murcia, 23 de mayo de 2009)
Los anestesistas del Reina Sofía debaten con especialistas de otros hospitales murcianos sobre dolor y tratamientos paliativos.
La palabra morfina suena como un estallido cuando se pronuncia en la consulta del médico. Pacientes y familiares asocian inmediatamente esta medicación con la antesala inevitable de la muerte. Más aún, ven en esta droga un camino que acelera este final. La palabra eutanasia, envuelta en signos de interrogación, suele aparecer entonces, aunque sólo sea en las conciencias y no llegue a verbalizarse. La polémica, todavía reciente, de las sedaciones en el Hospital Severo Ochoa de Leganés ha generado en torno a los cuidados paliativos una polémica que para la mayoría de profesionales tiene algo de artificial. Sobre dolor, eutanasia y las dudas que asaltan a los enfermos y a sus familias se habló ayer en el Reina Sofía, en una mesa redonda en la que participaron expertos de distintos hospitales.

«No es de recibo que una persona muera rabiando sólo por miedo a la morfina, por un cargo de conciencia que nace de la desinformación y la confusión», lamenta María Ángeles Rodríguez, anestesista del servicio de Reanimación y Terapia del Dolor del Reina Sofía. Las polémicas -muchas veces interesadas- en torno a la eutanasia han hecho mucho daño. «Nos encontramos con familias que han cuidado de un enfermo durante años y a las que les surge la duda de si están matando a esa persona cuando admiten que se les suministre opiáceos». Son remordimientos que añaden más sufrimiento al sufrimiento.

«Eliminar el dolor con morfina no tiene nada que ver con promover la muerte, con lo que la gente entiende por eutanasia. Es una idea falsa», explica Elena Manzano, jefa del servicio de Anestesiología. Evitar los tratamientos paliativos conllevaría, además, el riesgo de caer en el encarnizamiento terapéutico, algo «a lo que los médicos no tienen derecho».

«Mientras hay posibilidad de curación, ésa es la prioridad. Pero cuando ya no la hay, es el momento de cambiar de objetivos, de centrarse en eliminar el dolor. No puedes, por ejemplo, seguir llevando a un enfermo al quirófano indefinidamente».

Prejuicios culturales

La lucha contra el dolor de los anestesistas del Reina Sofía va más allá de los enfermos terminales. También se ocupan de paliar el sufrimiento de pacientes con enfermedades crónicas o recién salidos del quirófano, por ejemplo. Se encuentran, sin embargo, con un muro de prejuicios culturales. Algunos facultativos no consideran prioritarios los tratamientos contra el dolor, y muchos enfermos lo sufren como algo inevitable. «Lo que no puede ser es que una persona se someta a una operación de rodilla y después la única indicación del médico sea que, cuando el paciente se queje, se le suministre un nolotil. Porque ocurre que mucha gente no se queja, a veces por no molestar y otras porque piensa que el analgésico puede ser malo. El resultado es que sufre innecesariamente». Existen bombas de infusión que pueden suministrar la medicación del mismo modo que a través del gotero se inyecta suero. Los especialistas están convencidos de que este mecanismo solucionaría muchas de estas situaciones. «De la misma manera que a un paciente ingresado en el hospital se le establece una dieta determinada de acuerdo a su patología, deberían existir protocolos pautados de tratamiento del dolor para cada situación».

Además, Elena Manzano y María Ángeles Rodríguez apuestan por la creación de una Unidad del Dolor Agudo, que mejoraría la atención sobre todo durante los postoperatorios.

 
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