(El semanal, 20 de diciembre de 2004). Extractos de una entrevista a Raphael.

E.S. ¿El trasplante de hígado ha marcado el antes y el después de su vida?

R. Por supuesto, yo no tengo nada que ver con aquel chico de hace dos años. El de ahora es «mucho más mejor», que dirían en México. La panorámica de la vida ya es otra. Lo veo todo de diferente manera. A la gente que amo, la amo muchísimo más, si cabe; y a los que no amo?, ésos me dan igual. Antes quizá era más frivolón. Es muy difícil de explicar esta transición, pero yo sé que he cambiado.

E.S. ¿Se ha vuelto más religioso?

R. No, siempre he sido muy normal, no soy beato, pero sí creo en Dios.

E.S. ¿Cómo fue el día anterior a entrar en el quirófano?

R. Como lo fueron todos los días antes de la operación. Llevábamos varios meses atascados en ese mismo día, esperando y esperando.

E.S. ¿Estaba preparado para que sucediera cualquier cosa?

R. No, porque no quería que ?eso? pasara, no pensaba en ?eso?. Bajaba todos los días al estudio que tengo en casa y cantaba sentado. Y al escucharme pensaba: «Mira cómo suena de bien la voz, no la he perdido con todo lo que estoy pasando».

E.S. ¿Nunca hablaron del riesgo de perder la vida?

R. Natalia y yo hablábamos de muchas cosas todos los días, pero nunca me planteé que pudiese ocurrirme lo peor. Nadie sabe lo que pude pasar o pensar allí abajo, en mi estudio.

E.S. ¿Es de los que piensan que los hombres deben llorar solos o a escondidas?

R. Sí, las cosas tan íntimas deben ser privadas del todo. Sobre todo en estas circunstancias, porque llorar en el escenario lo hago todos los días y lloro de verdad, pero lloro de emoción.

E.S. ¿Lloró de emoción al despertar de la operación y ver que seguía aquí?

R. Recuerdo que desperté y lo primero que vi fue la sombra de mi hijo Jacobo y entendí que todo empezaba de nuevo. Que iba a ser maravilloso. Yo había apostado por vivir.

E.S. ¿Ha visto la película Mar adentro?

R. Sí, la vi el día del estreno en Madrid.

E.S. Ramón Sampedro, sin ser un enfermo terminal, quiso que le practicaran la eutanasia, apostó por quitarse la vida, ¿a usted qué le parece esto?

R. La vida digna es la que cada uno cree que tiene que ser. Para unos es valerse por sí mismos, para otros puede ser otra cosa. En eso hay muchas diferencias de caracteres. No estoy ni a favor ni en contra, pero entiendo a los que estén a favor porque es una cosa muy personal. Cada uno tiene que llevar su vida a donde quiere llevarla. Yo he elegido vivir, yo quiero vivir, pero hay gente que no quiere y hay que respetarla porque el dueño y señor de cada vida es uno mismo.

E.S. En estos momentos tres grandes artistas españoles plantan cara al cáncer. Son tiempos difíciles para Rocío Jurado, Rocío Durcal y Joan Manuel Serrat.

R. Y todos son amigos míos: a Rocío la adoro. Marieta fue el amor de mi vida cuando yo era jovencito, era preciosa y maravillosa. Y por Serrat tengo un respeto y una admiración tremendos. Ha sido un palo recibir esas tres noticias porque los quiero mucho. Sé que van a salir para adelante porque son tres luchadores. Además, los tres se portaron maravillosamente conmigo, estuvieron muy pendientes de mí.

E.S. ¿Qué es lo que necesita escuchar una persona cuando pasa por un trance tan difícil?

R. No hay que decir nada en estos momentos. Al contrario, hay que estar ahí y escucharles a ellos, nunca dar consejos. Eso de los consejos es una cosa horrible, muy barata, se dan muy fácilmente y no se tiene ni idea. Hay que estar presente y acompañar.

E.S. ¿La soledad es mala compañera en esos momentos?

R. Cada persona es un mundo, pero he de decir que parte de mi excepcional curación ha sido debida al apoyo tan tremendo que he tenido de todos mis amigos, aparte de mi familia, presente las 24 horas. Mis amigos siempre estuvieron entrando y saliendo de casa o a través del móvil. Recibí de ellos cantidad de mensajes escritos para no hacerme hablar. Mis noches con el móvil me han salvado de muchas cosas, de muchos pensamientos. Insisto, hay que estar.