Invertir el proceso de una cultura de la muerte Imprimir

(Zenit, 25 de enero de 2007)

Monseñor Sgreccia: La secularización favorece la mentalidad pro eutanasia
Porque el hombre sin Dios «pierde la fuerza de vivir»

El presidente de la Pontificia Academia para la Vida, monseñor Elio Sgreccia, constata que la secularización está favoreciendo la mentalidad favorable a la eutanasia.

Así lo constató en la tarde de este martes en Madrid en un encuentro que mantuvo con periodistas, al ser invitado por el Instituto de Humanidades Ángel Ayala, para pronunciar una conferencia sobre «Las enseñanzas de Juan Pablo II sobre la vida humana».

Al hablar de eutanasia, eugenesia, aborto, y la responsabilidad de los católicos para «invertir» el proceso de una «cultura de la muerte», el prelado consideró que Europa está encaminándose hacia el «autogenocidio».

Sobre la expresión «morir dignamente», monseñor Sgreccia dijo que era necesario reconstruir y purificar el vocabulario que la eutanasia se había apropiado, para librarlo de sus contradicciones.

«Desafortunadamente esta expresión, «morir dignamente», ha sido tomada, expropiada, en el lenguaje eutanasíaco; entonces, en este vocabulario se llama morir dignamente a morir sin aceptar la muerte, evitando el dolor y suprimiéndose a sí mismo», dijo el prelado.

Del mismo modo criticó también el concepto de «autonomía» que aduce la eutanasia y afirmó que «para ser autónomos, para ser libres, debemos estar vivos. Cuando se suprime la vida, se suprime la posibilidad de ejercer la propia autonomía; es una contradicción».

Además, monseñor Sgreccia dijo que «la muerte no es la destrucción de la vida, es el último acto de la vida terrena y el primero de la vida eterna; forma parte de un sentido que se ha vivido siempre, quien vive con dignidad su vida terrena aspira a vivir con dignidad su muerte. Si la vida terrena es un don, la muerte debe ser también un don humano».

En España, el debate sobre la eutanasia se ha reabierto con el caso de una mujer, Madeleine Z.B., de 69 años, que padecía una enfermedad degenerativa irreversible, y que se quitó la vida el 12 de enero con la ayuda de tres personas, miembros de una asociación pro eutanasia.

Ante casos como éste o el de Piergiorgio Welby, de 61 años, a quien un médico le quitó la vida el 20 de diciembre de 2006, después de que un médico le retirara el respirador, el prelado afirmó que «se debe explicar muy bien cuándo es lícito limitar el empleo de las terapias, y cuando por el contrario se trata de una verdadera eutanasia».

Pero ante todo pidió que en estos casos se evite la politización.

El obispo, que dijo no conocer en detalle el caso español, sostuvo sin embargo que en el caso italiano «se verificó una verdadera eutanasia».

En este contexto explicó que los médicos y los ciudadanos «deben saber que hay la obligación, el hecho moral de aceptar y suministrar terapias proporcionadas, eficaces y ordinarias».

En cambio, matizó que «cuando se encuentran terapias desproporcionadas que no procuran beneficio, al contrario, gravan la situación, son prohibidas, esto es encarnizamiento terapéutico» y no debe llamarse eutanasia.

Además, «cuando se verifica que a pesar de ser proporcionadas son extraordinarias en el caso concreto del paciente, en este caso es posible que la terapia extraordinaria no sea obligatoria (por ejemplo una operación de alto riesgo)».

Respecto a este tema, dijo finalmente que «hay curas como alimentación, hidratación, la cura del cuerpo que se deben suministrar siempre porque no son terapias, y que se dan tanto al niño como al enfermo terminal, que no son autónomos».

Monseñor Sgreccia explicó también que han estudiado «muy atentamente» el caldo de cultivo que puede acoger una mentalidad pro eutanasia: «Algunos hablan de las actuales condiciones de las enfermedades: hoy con el progreso de la medicina, las enfermedades se «temporalizan»; se habla de «un año, dos años del tumor», esto pone al paciente en un largo sufrimiento; esta sería una condición que favorece la petición de la eutanasia».

«Otros afirman que hay condiciones económicas que no permiten al Estado asistir el alargamiento de la vida, tantas enfermedades que se verifican hoy con este alargamiento. Otros hablan de dificultades técnicas, de la gestión del hospital», añadió.

Sin embargo, el presidente de la Pontificia Academia sostuvo que Vamos a «la razón es más profunda: la razón es la secularización de la vida» y «la pérdida del horizonte trascendente y de Dios, del Dios creador, y la vida eterna, como amor».

Sin este sentido de trascendencia, monseñor Sgreccia dijo que el hombre «no tiene más la posibilidad, la energía de enfrentar el dolor, el dolor pierde el sentido, el hombre pierde la fuerza de vivir el dolor, y no tiene la motivación de continuar viviendo cuando la vida no es más fácil, gratificante, productiva».

«Si queremos ganar esta batalla, superar estas dificultades, debemos reconstruir el sustrato, la certeza de que tenemos un origen de una fuente inteligente, hay un «Intelligent Design» como dicen los filósofos». Según el prelado, «si se reconstruye este contexto cultural, se hace del momento de la muerte el más precioso de la vida».

«En el fondo, la verdadera solución está en la reconstrucción de la trascendencia del hombre, de la certidumbre de que hay esperanza, hay un final que no es destrucción sino apertura a una nueva vida. Para la Iglesia este es un desafío muy importante», matizó.

Monseñor Sgreccia sostuvo que «la Iglesia debe apelar hoy a la conciencia, no hacer sólo una Bioética académica, que es necesaria, sino calar frente a las familias, frente al pueblo y desenmascarar todos sus mecanismos selectivos que se están insinuando con una pretensión de delirio tecnológico que al final no conduce donde piensan los científicos, sino a la destrucción de la especie humana, de las sociedades».