(Diario Médico, 7 de junio de 2007)
África
Sendino siempre ha vivido la medicina. De niña, con su padre, que
era médico rural. Tras la carrerra y la tesis, hizo la residencia en el Hospital
La Paz, donde encontró la vocación internista. El camino parecía despejado
cuando llegó el cáncer y, sin quererlo, tuvo que coger un desvío. Pero
su sentido de la orientación profesional encontró otra senda, la de la reflexión
y la docencia, para llegar al destino: servir al paciente.
Resulta llamativo que alguien que ha luchado contra la enfermedad de
forma tan valiente como África Sendino se asuste ante una entrevista.
Temía no estar a la altura de otros entrevistados de esta serie
A corazón
abierto; tal es su compromiso con la medicina. Basta escucharle para
comprobar que su temor no tenía fundamento.
Ella dice que su enfermedad ha sido un curso de patología aplicada.
Siguiendo con el símil, una entrevista con ella es un máster condensado
sobre la relación médico-paciente. Se niega a que le defina la
enfermedad o a dar pena, pero tampoco esto debería preocuparle,
porque es imposible sentir lástima por una persona que irradia una
serena felicidad. Se cumple en ella la máxima de que unos buenos
cimientos familiares construyen personas sólidas. Cita con devoción a
sus hermanos, que siempre han estado ahí, respetando sus silencios y, lo
que es más díficil, su necesidad de hablar, por qué no, de la muerte.
Pertrechada con esa fortuna emocional y su fe religiosa, la doctora
Sendino va para sobresaliente cum laude en esto de la vida.
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Sendino 416.71 Kb