(Aceprensa , 9 de abril de 2008)
Sylvie Menard piensa que cuando se está sano no se tiene ni idea de lo que se pensaría como enfermo.
Sylvie Menard se dedicaba a curar el
cáncer desde mucho antes de que le fuera diagnosticado un cáncer de
huesos. El compatibilizar su papel de médica con el de paciente le ha
llevado a cambiar algunas de sus actitudes frente a la enfermedad.
Antes era partidaria de la eutanasia. Ahora se enfrenta a ella. Así lo
hace en unas declaraciones a la revista
Huellas, publicada recientemente.
Antigua
alumna del profesor Veronesi -padre del testamento vital en Italia-
afirma que siempre estuvo convencida de que cada uno debe decidir su
suerte, pero "cuando me puse enferma, cambié radicalmente de postura".
La
aproximación personal a la enfermedad grave y la vecindad con la
muerte, cambió su opinión: "Cuando enfermas, la muerte deja de ser algo
virtual y se convierte en algo que te acompaña en la vida diaria. Y
entonces te dices: ‘voy a hacer todo lo posible para vivir el mayor
tiempo posible'". Fue entonces cuando la doctora Menard dio un giro a
sus posturas y si antes se oponía a tratamientos que con facilidad
calificaba de encarnizamiento, ahora reconoce que "hoy cualquier cosa
me vale si implica una nueva posibilidad de vida".
Menard está
casada y tiene un hijo. En la actualidad es la directora del
Departamento de Oncología Experimental del Istituto dei Tumori de
Milán. Para ella, quienes dicen sí a la eutanasia, lo hacen por dos
motivos: no quieren sufrir ni perder la autosuficiencia convirtiéndose
en una carga para los demás. Sylvie Menard, como enferma, reconoce que
"no quiere tener dolor" y que "el enfermo tiene derecho a aliviarlo".
Como médica, se da una respuesta consoladora: "la terapia del dolor ha
avanzado ostensiblemente en los últimos años". Con respecto a la
añorada autosuficiencia de quien por enfermedad la pierde, Menard
piensa que "incluso si uno no está en plenitud de facultades y no puede
levantarse porque está tendido en una cama, pero sigue contando con el
afecto de sus familiares, en mi opinión, incluso en esas condiciones,
merece la pena vivir".
Menard sostiene que sobre las peticiones
de eutanasia de los enfermos en fase terminal hay bastantes mitos.
Citando un estudio hecho en Canadá, basado en encuestas a enfermos
terminales, dice que allí se veía que en la mayoría de los casos "los
que están a favor, lo están para el de la cama de al lado, pero no para
sí mismos", y "los que en la primera entrevista estaban a favor, ya no
lo estaban en la segunda, porque se cambia fácilmente de opinión,
dependiendo del estado de ánimo". En cuanto a otro tipo de encuestas,
afirma que "los que estando sanos se pronuncian sobre la eutanasia, en
realidad no tienen ni idea de lo que pensarían si estuvieran enfermos".
Actualmente
la doctora Menard forma parte de un equipo que busca humanizar la
medicina. "Con los años, la medicina se hace más tecnológica" y muchas
veces "se ve al paciente como en muchos trozos". "Lo que falta
-continúa la doctora- es lo que une todas las piezas. Al paciente, con
sus preocupaciones y sus preguntas, se le abandona".
Como
enferma y como médica defiende con vigor los cuidados paliativos. Dice
que "son cuidados para la persona, no para la enfermedad", porque
"pueden eliminar el dolor"; pero no solo eso, sino que medicina
paliativa "es todo aquello que mejore la calidad de vida del paciente
en fase terminal". Y en su papel de doctora, confirma que "a la
medicina no se le pide que cure la enfermedad, sino que cure al
paciente". Por eso, opina que "si un paciente me pide la muerte,
significa que yo no he cumplido con mi deber como médica".