(Veritas.com, 11 de junio de 2007)
El escritor José Jiménez Lozano, Premio Cervantes 2002, está convencido
de que no es el relativismo el que está detrás de "la muerte de los
débiles" (aborto, eutanasia, etc.), "sino una toda moral valorativa y
constrictiva", inspirada en el "darwinismo filosófico y social".
Así lo expresó el pasado jueves 7 de junio en una mesa redonda sobre
"Las cuestiones de la Bioética", que tuvo lugar en Valladolid
organizada por la Asociación Cultura de la Vida.
En una intervención titulada "Manipulaciones con la vida y con la
muerte", el escritor se refirió a "un cambio cultural que tiende a
devolver al hombre a su simple naturaleza biológica y a los problemas
que plantean los conjuntos de individuos vivos en el plano animal".
Para Jiménez Lozano, "la filosofía darwinista - no la teoría científica
darwinista -, en su versión maximalista obtiene así un triunfo neto: el
hombre es un primate superior y habría de conformar su vida según este
principio, dejando de lado toda leyenda antropológica, como se denominó
y denomina toda otra consideración de este primate que no sea la
biológica; lo que en realidad es la liquidación de la cultura entera
para dar paso a conformaciones de Grandes Granjas de aprovechamiento
del ser humano".
En este contexto, el Premio Cervantes dijo que la democracia "no
tendría mas que una razón funcional que habría que ir adaptando a ese
principio de búsqueda de la utilidad y la rentabilidad de los humanos
en las condiciones más óptimas". De esta "nueva condición" del hombre
en el cosmos se deduciría un "nuevo Derecho, una nueva educación, un
nuevo arte, una nueva literatura, nuevas maneras de vivir".
Para este intelectual, "con el darwinismo filosófico y social", "la
idea de un individuo hombre había evolucionado desde la consideración
de persona a la de primate superior en lo alto de la escala zoológica,
a cuenta de su complejidad neuronal, y algunos otras ventajas
anatómico-fisiológicas, en especial su habilidad para hacerse útiles
que facilitan y multiplican sus potencialidades".
Jiménez Lozano afirma que "hasta mediados del siglo XIX, nadie pone en
duda la noción de santidad o sacralidad de la vida humana" y añade que
"es el darwinismo, ciertamente, el que altera las concepciones hasta
entonces admitidas del puesto y valor de la vida humana en el cosmos, y
del significado de la muerte individual". En este sentido, no sorpreden
las consecuencias para lograr "la conformación de una especie cada vez
más perfecta y de una sociedad más racional y tendente también a este
fin".
"Sencillamente, la muerte de los débiles y quienes suponen un coste
social y unas trabas de cualquier tipo a una vida individual de animal
hermoso y perfecto van de suyo. Y ya se ve que no es una moral
relativista la que se propone, sino una toda moral valorativa y
constrictiva, guiada por ese espíritu del servicio social y de la
especie, y de decisión político-económica, o puramente política, por lo
tanto", sostiene el escritor.