(Publicado en Arvo Net )
Una contribución al debate actual sobre la eutanasia. El mismo año en que Hitler llegó al poder (1933), comenzó una campaña de propaganda a favor de la eutanasia en revistas y publicaciones...
Martin Lugmayr: LA LARGA SOMBRA DE HITLER
Una contribución al debate actual sobre la eutanasia*
(Traducción del alemán: José Mª Barrio Maestre)
"Muchos viven
demasiado, y durante demasiado tiempo penden
de sus ramas. ¡Ojalá venga una tempestad que
sacuda toda esa podredumbre y el voraz
gusano del árbol! ¡Ojalá lleguen
predicadores de la muerte
rápida!
¡Eso sería para mí la tormenta justa que
sacudiría el árbol de la vida! Pero sólo
oigo hablar de muerte lenta y de paciencia
con todo lo
terreno".
Tras expresar esta
impaciencia entre los años 1883-85, en
Así habló Zaratustra, Friedrich
Nietzsche no tuvo que esperar demasiado
.
El jurista Karl Binding y el psiquiatra
Alfred Hoche publicaron en Leipzig, en 1920,
un escrito titulado "Autorización para
eliminar la vida carente de valor. Sus
límites y su forma", en el cual se
pronunciaban a favor de la permisión legal
del suicidio y de la ayuda al mismo.
Únicamente se trataría de sustituir una
causa de muerte -la esperada muerte natural
por una enfermedad grave- por otra, es
decir, la inyección letal.
"Esto no es en
sentido jurídico una acción de dar muerte,
sino tan sólo una modificación de la causa
de una muerte diagnosticada
irrevocablemente:
Esto,
realmente, es una acción salvadora"[1].
El médico Dr. Hoche rechazaba así el
juramento hipocrático -que prohíbe dar
muerte a seres humanos- como "compromiso de
los médicos en tiempos pasados". Los médicos
de los tiempos modernos tendrían más bien
que sopesar los beneficios y riesgos, y
"actuar en interés de un bien jurídico más
elevado" (pp. 45-47, 49 y ss). En la
práctica, debía ser el Estado el único
competente para promoverlo, otorgando
licencia a un "comité de autorización"
-compuesto por un jurista y dos médicos-
convocado para garantizar que se da muerte a
alguien tras una "comprobación técnica
objetiva". De esta manera Hoche pensaba
también en proteger a los médicos frente a
algunas situaciones en las que los allegados
de un paciente solicitan su muerte pero
luego cambian de opinión. Por otro lado,
Hoche consideraba la muerte de personas
minusválidas como una posibilidad de ampliar
el horizonte de la investigación,
especialmente la investigación cerebral.
El polémico
escrito de Binding y Hoche suscitó mucho
ruido sobre todo en Alemania y, como afirma
Henry Friedlander, "finalmente los asesinos
nazis hicieron suyos muchos de los
argumentos expuestos en él, empleándolos más
tarde para su propia justificación"
[2].
Por
cierto, no sólo los nacionalsocialistas
estaban entusiasmados con esto: el "Boletín
médico internacional" -órgano central de la
Unión Internacional de médicos
"socialistas"- incluía, en el número de
diciembre del 1934, una recensión laudatoria
del escrito de Binding-Hoche, que concluía
con estas palabras: "A quienes deseen
ocuparse con más detalle de estas
cuestiones, que precisamente en el momento
actual se han puesto de relieve, puede
interesar el opúsculo del jurista Prof. Dr.
Binding y del Dr. A. Hoche (editorial
Meiner, Leipzig 1922), cuyo estudio es
recomendable sobre todo para médicos y
juristas"
[3].
En
1929, Hitler pronunció estas palabras
durante un congreso del partido nazi en
Nüremberg: "Si Alemania ha de recibir
anualmente un millón de niños, eliminando
entre 700.000 y 800.000 de los más débiles,
eso quizá conduciría a lograr incluso un
aumento de la fuerza de trabajo. Lo más
arriesgado es que nosotros somos quienes
hemos de establecer el proceso natural de
selección a través del sistema de atención a
los enfermos y los débiles... El más puro
Estado racial que ha habido en la historia,
Esparta, supo llevar adelante esas leyes
raciales de forma planificada"
[4].
Tras
llegar al poder Hitler -el 30 de enero de
1933- ya el 14 de julio se votó la "Ley para
la prevención de enfermedades hereditarias",
que prescribía la esterilización forzosa en
caso de determinados defectos físicos,
debiendo enviar a los vagos y maleantes a un
campo de concentración. Ese mismo año
comenzó una campaña de propaganda a favor de
la eutanasia en revistas y publicaciones. En
la revista
Neues Volk el lector puede
ver fotos que mostraban cómo mujeres
deficientes mentales vivían en magníficas
casas rurales, mientras que familias de
trabajadores sin taras hereditarias
-"saludables"- tenían que vivir en
habitaciones miserables. El Dr. Walter
Göbel, director de los establecimientos de
salud infantil Mammolshöhe, declaró lo
siguiente, el 9 de diciembre del 1946 en el
llamado proceso de Eichberg acerca de las
instalaciones estatales de Hessen: "En 1933
me sorprendió comprobar que el nivel de
atención de los enfermos mentales había
descendido de manera terrible y sistemática.
El importe diario, tanto de asistencia como
de manutención, se fue reduciendo de forma
drástica hasta llegar finalmente a no más de
40 peniques, quizá sólo a 39 ó 38; esa
cantidad -para asistencia y alimentación- en
aquel entonces no llegaba siquiera sólo para
dar de comer a un adulto"
[5].
El Director médico del Reich, Dr. Gerhard
Wagner, decía en el
Deutsches Ärzteblatt
que los enfermos mentales, la asistencia
social, los ciegos, sordomudos, alcohólicos
y las ayudas escolares representaban una
cuenta anual de 1200 millones de marcos. En
los libros de texto se podían encontrar
problemas matemáticos como éste: "La
construcción de una casa de salud mental
cuesta 6 millones de marcos. ¿Cuántas
campamentos juveniles se podrían montar sólo
con 1500 marcos?".
El
cardenal de München, Faulhaber, barruntaba
lo que se venía encima. En la carta pastoral
de Cuaresma de 1934 escribía, entre otras
cosas: "Una expresión inquietante surge
entre nosotros:
Es bueno lo que sirve al
pueblo... ¿No podría llegar un fanático a
creer que el asesinato y el perjurio sirven
al bien del pueblo, y que por eso son algo
bueno? ¿No podría un médico llegar a la
conclusión de que dar muerte a enfermos
mentales -la llamada eutanasia- ahorraría al
Estado grandes cargas asistenciales, lo cual
serviría al bien del pueblo, y por tanto se
podría considerar como algo bueno?"
[6].
En los años 30
una revista publicó la carta de un lector
que exigía una ley que previese la muerte de
niños minusválidos con el consentimiento de
los padres. En el comentario de la redacción
se añadía al respecto: "Cuando alguien dice
que el hombre
no tiene derecho alguno a
matar, se le puede replicar que tiene
aún cien veces menos derecho a agredir la
naturaleza con un trabajo chapucero, y, al
tiempo, mantener con vida algo que ni
siquiera ha llegado a nacer. Eso no tiene
que ver lo más mínimo con el amor cristiano
al prójimo, puesto que por
prójimo
sólo podemos entender a quien es capaz -o
podría llegar a serlo- de corresponder el
amor que se le dispensa. Quien tenga el
valor de llevar estas reflexiones a su
lógica conclusión final llegará a la misma
exigencia que plantea nuestro lector"
[7].
Uno se sorprende al encontrar aquí una
argumentación que frecuentemente se halla en
el actual debate sobre la eutanasia. Por lo
demás, el nombre de la revista indica bien
su procedencia:
Das Schwarze Korps
(brigadas negras), que era la hoja de
combate de las SS nazis.
Hacia finales
de 1938, el Führer otorgó plenos poderes
para aplicar la eutanasia a la denominada
Comisión del Reich para la infancia, y
"entre 1939 y 1945 los departamentos
infantiles de las instituciones sanitarias y
asistenciales exterminaron al menos 5000
niños pequeños minusválidos mediante
sobredosis de medicamentos o suprimiendo la
alimentación indispensable"
[8].
El
poder emitido por Hitler para el programa
general de eutanasia, que finalmente incluyó
también a los adultos, y que ya estaba
preparado en octubre de 1939 -aunque está
fechado el 1 de septiembre del mismo año-
disponía lo siguiente: "El dirigente Bouhler
y el médico Dr. Brandt tienen bajo su
responsabilidad el encargo de ampliar
nominalmente a determinados médicos las
atribuciones para permitir dar muerte a
enfermos incurables después de un
enjuiciamiento crítico de su situación
médica, y atendiendo para ello a
consideraciones humanitarias"
[9].
Tras consolidarse la práctica del exterminio
en Grafeneck en diciembre de 1940, a
principios del año siguiente comenzaron las
muertes en el campo holandés de Hadamar.
Entre tanto, Hitler había decidido promulgar
la "Ley de ayuda a morir" propuesta
inmediatamente después de la victoria
militar. Se quería preparar a la población
con una propaganda favorable a tal ley, y
ello porque, como es natural, la inquietud
ante las muertes "misteriosas" no dejaba de
crecer. ¿Cómo había que proceder? Hermann
Schweninger había rodado antes películas
documentales sobre establecimientos de salud
mental bajo la dirección de los
nacionalsocialistas. Debía ponerse de
relieve el contraste entre las lujosas
instalaciones con bonitos jardines, y los
inquilinos; y se quería presentar la ayuda a
morir como un difícil problema personal,
pero mezclándolo con la hábil insinuación de
la tesis estatal del exterminio de una vida
que ya no merece ser vivida. La intención
precisa de la película era mostrar que la
misma situación que a una persona puede
llevarle a plantearse dar "muerte por
compasión", igualmente se le puede presentar
al Estado.
El
protagonista, Thomas Heyt, es un profesor de
medicina que, tras un largo conflicto de
conciencia, mata a su joven esposa, Hanna,
enferma de esclerosis múltiple, después de
comprobar que no había ningún remedio
específico para su mal. Lo había buscado
intensamente con otros colegas
investigadores, pero finalmente no tuvo
éxito. Es llevado a juicio. La película
termina sin pronunciarse sentencia alguna
por parte del tribunal. El espectador es
invitado a pronunciar él mismo la sentencia.
La película constantemente sugiere lo que
sólo en una determinada escena se hace
completamente nítido: un ratón herido,
probablemente por un pinchazo durante un
experimento, arrastra su pata trasera (en
otras escenas se ve a la señora Heyt
cojeando). El ratón despierta la compasión
de una asistente de laboratorio: "Pobre
animal. Yo no te he olvidado". Ella lo
acaricia, y después lo mata con una
inyección. La muerte se muestra sólo de
forma indirecta: "De este modo, ya te has
librado de tus dolores"
[10].
La película "Yo acuso"
(Ich klage an)
consiguió, entre los años 1940-42, alrededor
de dieciocho millones de espectadores, y en
1941 obtuvo el "Premio de las Naciones" en
la Bienal de Venecia.
¿No alcanzaría
también hoy en día una película de este tipo
una aceptación semejante? El filósofo alemán
Robert Spaemann compara la manera de
justificar la eutanasia en aquel entonces
con la de hoy en día, y llega a la siguiente
conclusión: "El argumento de los
nacionalsocialistas no significaba que esta
vida no se hubiera convertido en algo sin
valor para la sociedad. Su argumento era el
siguiente: ¿Por qué la sociedad debe asumir
cargas por la vida humana de personas que
precisamente ya carecen de una vida
auténticamente humana? ¡Y este es
exactamente el argumento de los partidarios
de la eutanasia hoy en día!"
[11].
En
referencia a que sea el Estado el que haya
de hacerse cargo de la muerte por compasión
aprobada por los ciudadanos, en 1985 Kuhse y
Singer escribían lo siguiente, hablando de
la eutanasia infantil: "Dado que nosotros no
creemos que los niños recién nacidos posean
por sí mismos un derecho intrínseco a la
vida, pensamos que una comunidad debería
decidir que sus recursos se dediquen con
urgencia a otras necesidades, y no al
cuidado de niños recién nacidos cuyos padres
no son capaces de hacerlo"
[12].
Hoy como ayer, la Iglesia Católica es la que
ha defendido siempre, y para todo ser
humano, el derecho a la vida. El 27 de
noviembre de 1940, el Santo Oficio juzgó que
la muerte de enfermos psíquicos o físicos
que pudieran suponer una carga para el
Estado es incompatible con el Derecho
Natural y con el Derecho divino-positivo. En
la
Declaración de la Congregación para la
Doctrina de la fe sobre la eutanasia, de
20 de mayo de 1980, se afirma: "Debe
reiterarse con firmeza y ser declarado que
nada ni nadie puede permitir que un ser
humano vivo inocente sea muerto, bien se
trate de un feto, un embrión, un niño, un
adulto o un anciano, o bien se trate de un
enfermo incurable o de un moribundo. Tampoco
le está permitido a nadie solicitar la
aplicación de esa acción letal para sí o
para otro que esté bajo su responsabilidad,
no pudiéndose autorizar tal actuación en
ningún caso, ni explícita ni implícitamente.
Además, esto no puede ordenarlo ni
permitirlo ninguna autoridad legítimamente,
pues con ello se produciría la transgresión
de una ley divina, una violación contra la
dignidad de la persona humana, así como un
crimen contra la vida y un atentado contra
el género humano".
*
Original alemán:
Hitlers langer Schatten.
Bedenkenswertes zur heutigen
Euthanasiediskussion,
publicado en internet en la hoja web
http://petrusbruderschaft.eu/
[1]
Binding, Alfred - Kart Hoche,
Die
Freigabe der Vernichtung
lebensunwerten Lebens. Ihr Mab
und ihre Form,
Leipzig, 1920, pp. 17 y ss. Citado
por Ernst Klee,
"Euthanasie" im
NS-Staat. Die "Vernichtung
lebensunwerten Lebens", Fischer
Taschenbuch Verlag, Frankfurt am M.,
1985, p. 21.
[2]
Henry Friedlander,
Der Weg zum
NS-Genozid. Von der Euthanasie zur
Endlösung, Berlin Verlag, Berlin
1997, p. 51.
[3]
"Vernichtung lebensunwerten Lebens",
recensión publicada por el Dr. F.
Limacher (Berna), en el
Internationales Ärztliches Bulletin,
diciembre de 1934, Praga, nº 12,
p. 183.
Posteriormente apareció en el
"Beiträge zur
nationalsozialistischen Gesundheits-
und Sozialpolitik",
vol. 7,
Internationales Ärztliches
Bulletin, Jahrgang I-VI
(1934-1939), reprint, Rotbuch
Verlag, Berlin 1989.
[4]
"Völkischer Beobachter vom 7.August
1929", citado en Hans-Walter
Schmuhl,
Rassenhygiene,
Nationalsozialismus, Euthanasie,
2ª ed, Vandenhoeck & Ruprecht,
Göttingen 1992, p. 152.
[5]
Ernst Klee, loc. cit., p. 46.
[6]
Apud
Klee, ibid., p. 53.
[7]
Ibid., p. 63.
[8]
Hans-Walter Schmuhl,
op. cit.,
p. 362.
[9]
Bundesarchiv Koblenz R. 22, nº 4209.
Extraído del original de
Friedlander, loc. cit.,
Schutzumschlag u. Seite 1.
[10]
Citado en "Beiträge zur
nationalsozialistischen Gesundheits-
und Sozialpolitik, vol. 2:
Reform
und Gewissen. "Euthanasie" im Dienst
des Fortschritts, Rotbuch
Verlag, Berlin 1989, p. 156.
[11]
Introducción al libro de Till
Bastian (ed.),
Denken - Schreiben
- Töten. Zur neuen
"Euthanasie"-Diskussion,
S. Hirzel - Wissenschaftliche
Verlaggesellschaft, Stuttgart 1990,
p. 8.
[12]
H. Kuhse - P. Singer,
"Should the
baby live?" The problem of
Handicapped Infants, Oxford, New
York, Melbourne 1985, p. 192.