(Zenit, 3 de octubre de 2007)
El tema de la
eutanasia ha vuelto de nuevo a los titulares con la publicación de una nota de
la Congregación para la Doctrina de la Fe el 14 de septiembre. La declaración,
escrita como respuesta a cuestiones enviadas al Vaticano por los obispos de
Estados Unidos, ha dictaminado que proporcionar alimento y líquidos a personas
que están en lo que se suele denominar como estado vegetativo es, con raras
excepciones, moralmente obligatorio.
Tras el acalorado debate en Florida
por el caso de Terri Schiavo en el 2005, en Arizona hace unos pocos meses un
hombre despertó inesperadamente de un coma. El 30 de mayo Jesse Ramirez sufrió
daños cerebrales en un accidente de tráfico, informaba el 27 de junio el
periódico Arizona Republic.
El 8 de junio, su esposa Rebecca pidió a los
médicos que le quitaran los tubos que le proporcionaban alimento y agua. Los
padres de Jesse se opusieron y obtuvieron una orden judicial para volver a
conectar los tubos. Como consecuencia de esto, Jesse despertó súbitamente del
coma.
A principios de este año se conoció otro caso en Denver, Colorado.
Christa Lilly había estado en coma desde mediados de los ochenta como
consecuencia de una ataque al corazón. Anteriormente Lilly había despertado
durante breves periodos de tiempo, pero la última vez fue el 4 de noviembre del
2000, informaba el periódico Denver Post el 8 de marzo.
Según el
artículo, un neurólogo del hospital universitario de Colorado, James Nelly,
pensó que Lilly podría haber vivido en un «estado de mínima consciencia» durante
estos años, algo opuesto a un estado vegetativo.
Máquinas de
matar
La eutanasia se ha convertido recientemente
en tema de debate en Alemania, tras el anuncio de Roger Kusch, ex ministro de
justicia de Hamburgo, de que había diseñado una máquina para ayudar a la gente a
suicidarse.
Según un reportaje el 9 de septiembre en el periódico
italiano Il Corriere della Sera, una simple pulsación de un botón inyecta una
solución letal en el paciente Terminal. La ley federal alemana prohíbe ayudar a
una persona a suicidarse, pero no considera ilegal el acto real de suicidio de
la persona implicada. Por eso, con esta máquina, Kusch espera evitar cualquier
impedimento legal para ayudar a la gente a morir.
La noticia del invento
ha atraído rápidamente críticas, tanto de los políticos como del arzobispo de
Hamburgo, Mons. Werner Thissen. Kusch es uno de los candidatos en las elecciones
que se celebrarán en octubre en Hamburgo.
Mientras tanto, en Suiza, las
protestas de los residentes de un suburbio de Zurich han forzado a abandonar sus
instalaciones a la organización de suicidio asistido Dignitas, según un
reportaje del 13 de julio en la página web de la revista alemana Spiegel
Online.
Desde 1998, cerca de 700 personas han llegado al centro de
Dignitas para poner fin a sus vidas. Según el artículo, el grupo más grande de
clientes viene de Alemania, con Gran Bretaña en segundo puesto.
Poco
antes, en junio, el senado suizo pidió al gobierno que preparara una ley que
mejorase los controles de las organizaciones que ofrecen el suicidio asistido.
La Comisión
Nacional de Ética Biomédica, un organismo asesor del gobierno,
ha recomendado también más supervisión estatal de organizaciones como
Dignitas.
En julio, un tribunal de la ciudad suiza de Basilea condenó a
Peter Baumann a tres años de prisión por haber ayudado a suicidarse a tres
personas con problemas psicológicos, informaba el 6 de julio la agencia
Swissinfo.
Baumann, un psicólogo retirado, ha ayudado a
personas a morir entre enero del 2001 y enero del 2003. Según el tribunal,
Baumann actuó por motivos egoístas, esperando obtener el reconocimiento público
de sus métodos. Los jueces, sin embargo, definieron su conducta como «inhumana»
y criticaron su comportamiento como negligente.
Cuidados, no la
muerte
Durante su viaje a Austria, Benedicto XVI
tocó el tema de la eutanasia en su discurso del 7 de septiembre a los miembros
del gobierno y al cuerpo diplomático. Afirmando que el tema era de «gran
preocupación» para él, el Papa añadió que temía las presiones tácitas o
explícitas hechas a los ancianos y enfermos para que pusieran fin a sus
vidas.
«La respuesta adecuada al sufrimiento del final de la vida es una
atención amorosa y el acompañamiento hacia la muerte - especialmente con la
ayuda de los cuidados paliativos - y no la ‘ayuda activa a morir'», indicaba el
Pontífice. También pidió reformas en los sistemas sociales y sanitarios para
ayudar a las personas que son enfermos terminales.
Este año también
algunos obispos de Canadá han tratado el tema de la eutanasia.
En abril, la Conferencia
Episcopal de Ontario publicaba un folleto titulado «Going to
the House of the Father: A Statement on the Dignity and Destiny of Human Life»
(Ir a la Casa del Padre: una Declaración sobre la Dignidad y el Destino de
la Vida
Humana).
«Parece un cruel paradigma de la historia que
sociedad con recursos médicos tan amplio se hayan vuelto contra el discapacitado
y el enfermo - con resultados letales», indicaba la introducción.
Los
obispos insistían en que la protección de la vida no es sólo un asunto cristiano
o religioso, sino un derecho humano básico. «Permitir que se mate al
discapacitado, al frágil, al enfermo o al que sufre, incluso por motivo de una
compasión mal entendida, requiere el juicio anterior de que tales vida no son
dignas de vivir», afirmaban. «Nadie pierde el derecho a vivir por una enfermedad
o incapacidad».
«Amenos que derecho a la vida esté seguro, no puede haber
fundamento alguno firme para los demás derechos humanos», añadían.
La
declaración también explicaba que había diferencia entre causar deliberadamente
la muerte y prolongar indebidamente la vida. No
estamos moralmente obligados, afirmaban los obispos, a prolongar la vida si los
medios usados son una carga indebida o causan un sufrimiento adicional y cuando
hay poca esperanza de recuperación.
Los obispos también recomendaron que
los cristianos no descuidasen su alma y deberían sentirse confortados por el
misterio de la muerte y resurrección de Cristo. El sufrimiento y la muerte para
los cristianos, continuaban, no es sólo un tema médico.
Preocupación de los
discapacitados
Otra fuente de oposición a la
eutanasia viene de los grupos que representan a las personas discapacitadas,
como informaba el 6 de agosto el Los Angeles Times. Según el artículo, una de
las razones por las que las propuestas legislativas de permitir el suicidio
médicamente asistido hayan fracasado en California en los últimos años es la
hostilidad del movimiento de derechos de los discapacitados.
Una
combinación de eutanasia legalizada más la presión por recortar el incremento de
costes del sistema sanitario podría conducir a que se retirase el tratamiento a
las personas discapacitadas. El Los Angeles Times citaba a algunas personas
discapacitadas, activas en grupos que han luchado contra las propuestas de
suicidio asistido.
«La situación que padezco es cara de tratar, y sería
mucho más barato para el sistema sanitario dejar que mi salud llegara al punto
en el que yo prefiriera morir», afirmaba la activista de Los Ángeles Laura
Remson Mitchell, quien sufre de esclerosis múltiple, enfermedad de riñón y
diabetes.
Clemencia legal
Otro
motivo de preocupación es la tendencia de algunos tribunales que evitan castigar
a los miembros de la familia que ayudan a un familiar enfermo a suicidarse. La
aplicación de la ley en Gran Bretaña en los últimos años se ha visto puesta en
duda hasta el punto de que los tribunales se muestran remisos a la hora de
castigar a quienes dicen haber ayudado a matar alguien por amor, comentaba
Robert Verkaik, redactor de temas legales para el periódico Independent en un
artículo publicado el 8 de mayo.
Entre otros ejemplos, Verkaik indicaba
un caso de octubre de 2006, cuando un hombre que ayudó a su esposa enferma
terminal a morir fue puesto en libertad con sólo una sentencia de nueve meses,
que además fue suspendida.
Antes, en marzo, un tribunal francés condenó a
un doctor por envenenar a un paciente de cáncer enfermo terminal, informaba
Associated Press el 15 de marzo. A pesar de su culpabilidad, el tribunal del
sudoeste de Perigueux sentenció a Lawrence Tramois a sólo una pena, también
suspendida, de un año de prisión por su papel, el 25 de agosto de 2003, en la
muerte de Paulette Druais en la cercana población de Saint-Astier.
Parece
que una malentendida compasión llevará a la muerte a más personas a medida que
desaparecen las restricciones al suicidio asistido.