(ABC, 18 de enero de 2005). Los juristas aventuran que el fiscal jefe de Galicia sólo podrá infomarse del caso contra la amiga del tetrapléjico, nunca reabrirlo pues no existe desde noviembre.
Era previsible que tras las declaraciones de Ramona Maneiro, el pasado 10 de enero en el programa de Telecinco que conduce la presentadora Ana Rosa Quintana, en las que admitía haber ayudado a morir al tetrapléjico gallego Ramón Sampedro -el primer español que reclamó judicialmente el derecho a elegir su propia muerte-, el asunto levantase una enorme polvareda que se ha trasladado a todos los órdenes, el político, religioso y, sobre todo, social. De momento, aparte de seguir asistiendo a la comparecencia en «prime time» de la protagonista estos días del debate de la eutanasia, ya se ha producido la primera reacción oficial: el fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Galicia (TSJG), Carlos Varela, ha remitido una misiva al juzgado encargado de la causa en Ribeira (La Coruña) en la que se insta a seguir indagando en las causas del suicidio de Sampedro y sus posibles «manos» auxiliadoras.
No obstante, fuentes jurídicas consultadas por ABC valoraron ayer la iniciativa de la Fiscalía gallega como un mero «trámite» -lógico tras las manifestaciones públicas de la que fuera amiga y compañera en los últimos momentos de la vida del tetrapléjico natural de Porto do Son- con el objeto de «ahondar, tan sólo informativamente hablando, en los términos en que se archivó la causa contra Maneiro y si se han cumplido todos los plazos reglamentarios procesalmente para la prescripción del delito». También, aseguran las mismas fuentes, para cerciorarse de si -tal y como confirmó Ramona Maneiro a este diario- participaron terceras personas en el plan ideado por Sampedro para poner fin a su vida.
Prescrito el delito, sería otro caso
Expertos como el profesor Pablo Sánchez-Ostiz, director del departamento de Derecho Penal de la Universidad de Navarra, matizan que «esas diligencias informativas» por parte del fiscal Varela nunca pueden considerarse «una reapertura del caso» -cerrado por falta de pruebas por la titular del juzgado número 2 de Ribeira, Salomé Martínez, en noviembre de 1999-.
¿Por qué? Los juristas corean, de forma unánime, la misma sentencia: «Porque el delito ha muerto, ya no existe caso». Y, en efecto, el delito por el que Ramona Maneiro fue la única imputada unos días después de la muerte del tetrapléjico gallego -en enero de 1998- fue por el de «cooperación necesaria al suicidio», penado con 2 a 5 años de cárcel. Transcurrido el periodo máximo de pena (esos 5 años) después del día de sobreseimiento de la causa -12 de noviembre de 1999-, las responsabilidades penales quedan diluidas. El pasado 12 de noviembre de 2004 moría, por tanto, el ya confeso delito de Ramona.
A partir de aquí, de prosperar la solicitud que ha formulado la Fiscalía gallega, «sólo conllevaría transcendencia penal si se achacase a Ramona Maneiro un delito con una prescripción mayor a los cinco años, esto es, el asesinato o la inducción al suicidio ajeno», castigada en este último precepto con penas de 4 a 8 años de cárcel. Se trataría, entonces, de un caso totalmente diferente que los especialistas en Derecho Penal, como Sánchez-Ostiz, rechazan en rotundo, por ser manifiesto que Ramona no convenció ni sedujo a Sampedro para beber el cianuro ni se lo administró -sólo existen como pruebas, en este sentido, las memorias de Ramón Sampedro, «Cartas desde el infierno», en las que admite haber sido él la mente que maniobró el plan letal y el vídeo testimonial en el que Ramón quiso mostrar al mundo que él en primera persona ingería el veneno mortal-.
«Estoy tranquila. Cuando fui llamada a declarar en su día, yo iba lanzada y contenta a contar que yo había sido las manos y los pies en la muerte de Ramón. Me indicaron que era mi vida privada y entonces no lo conté. Sin saber que había prescrito el delito, lo he dicho ahora porque quería liberarme pero no tengo miedo a ingresar en prisión. Ramón siempre me decía: «Te van a culpar a ti, piensa en Richy (por su hijo pequeño, que hoy tiene 12 años)». Y yo le decía: «¿Y qué me importa? Que me metan en prisión con Mario Conde y los demás que cometen delitos realmente». Fueron las impresiones que Maneiro contaba a este periódico el pasado jueves, antes de conocer la iniciativa del fiscal. Ayer suscribió, entre sesiones de maquillaje televisivo, cada una de sus palabras.
Ramona sigue en sus trece: «Me van a marear, me pedirán que declare otra vez y lo haré sin temores, pero yo no conozco la identidad de las otras personas que participaron. Lo sospecho, pero Ramón se encargó de que nadie supiese quiénes estábamos implicados. Era muy sabio».