(Provida Press, nº 278)
En
el año 2005 la Facultad de Medicina de la Universidad de Groningen, en Holanda,
publicó un protocolo que establecía unas recomendaciones a seguir por los
pediatras ante niños nacidos con graves problemas de salud. Era éste un
protocolo dirigido a legalizar la eutanasia de estos niños. El protocolo fue
ratificado por la Asociación Nacional de Pediatría holandesa.
Recientemente
se ha publicado su traducción en inglés en la prestigiosa revista de bioética
Hastings Center Reports (38; 42-51, 2008), analizándose su contenido y
realizando diversos juicios éticos sobre sus propuestas, no siempre favorables
al derecho a la vida de estos niños, ya que se concluye que "al menos en el
contexto de la cultura y medicina de Holanda, el protocolo es aceptable".
Para
poder evaluar éticamente el protocolo el artículo en cuestión presenta en
primer lugar algunas de las dificultades morales que el mismo plantea.
Así
indican:
1) está dirigido principalmente a niños nacidos con espina
bífida, muchos de los cuales podrían tener vidas satisfactorias;
2) no distingue
con precisión entre niños cuyo pronóstico de muerte es cierto y aquellos
que podrían continuar viviendo;
3) permite a los padres cometer infanticidio
como un medio para soslayar el cuidado de sus hijos que podría ser dificultoso
para ellos;
4) permite a los médicos decidir cuándo una vida tiene
calidad suficiente para ser vivida;
5) permite a los médicos determinar la
moralidad de sus propias acciones;
6) da una respuesta técnica al problema
de medir el sufrimiento subjetivo;
7) condona el infanticidio más que
prevenir la espina bífida o permitir detectarla intrínsecamente para terminar
con la vida del niño por el aborto;
8) ofrece un criterio incoherente para
defender si es ético terminar con la vida de un niño que sufre.
Aunque estos ocho puntos se discuten pormenorizadamente, sólo su enunciado
parece incompatible con el criterio ético de que este protocolo pueda ser
éticamente aceptable en el contexto de la cultura holandesa.