(Canarias 7, 9 de marzo de 2008)
La Maragatería es una de las comarcas más
antiguas de la provincia de León y su capital es la ciudad de Astorga.
Se cuenta que, en tiempos remotos, las madres dejaban a los niños
recién nacidos al relente de la fría noche, y si sobrevivían a la
prueba, entonces eran niños sanos y los criaban. Ciertamente se trata
de una leyenda falsa porque a todos nos parece una monstruosidad.
Groningen es una ciudad de Holanda en cuyo hospital universitario se
ha desarrollado el llamado Protocolo de Groningen. Se trata de un texto
muy importante ya que sobre él se ha aprobado la eutanasia para menores
de 12 años.
Las instrucciones se refieren sobre todo a neonatos. El Protocolo
distingue tres grupos de recién nacidos sobre los que hay que tomar
alguna decisión respecto al mantenimiento de su vida.
a) Bebés que morirán poco después del nacimiento, porque están gravemente enfermos y no existe ninguna terapia.
b) Bebés que requerirán tratamientos importantes para sobrevivir,
pero cuya calidad de vida y posibilidades de recuperación son muy bajas.
En estos dos grupos, en los que hay probabilidades altas de
mortalidad, la decisión que se propone es retirarles la nutrición y la
hidratación, por lo que los niños mueren, pero no se aplica el término
de eutanasia infantil, sino de muerte natural.
c) Bebés con «sufrimiento intolerable» y con «pronóstico sin
esperanza», aunque para su supervivencia no sea necesario que necesiten
tratamientos médicos intensivos.
Los médicos de Groningen estudiaron 22 casos de eutanasia practicada
ilegalmente con niños. No se trataba de sedaciones adecuadas para
paliar el dolor, sino de actuaciones de eutanasia directa con bebés.
Estudiando cómo se habían llevado a cabo, y teniendo en cuenta la ley
de eutanasia holandesa, se difundieron los términos de «sufrimiento
intolerable» y de «pronóstico sin esperanza» en el caso de los bebés.
Teniendo ya los términos para describir la situación, el siguiente paso
que se dio fue su legalización, por parte del gobierno holandés, para
todos los casos de neonatos en los que se dieran esas dos condiciones.
Tan sólo se añadió la exigencia del consentimiento de los padres
-aunque la experiencia ha demostrado que, en ocasiones, el médico se
siente suficientemente capacitado por su propia ciencia, para no
solicitarla-, y el diagnóstico de otro médico.
Aparentemente resulta fácil, en el foro legislativo, tomar
decisiones acudiendo a términos extremos, duros, y proponiendo
soluciones que hacen desaparecer las situaciones difíciles. Pero
conviene tener una visión completa de esas soluciones. En este caso,
que la solución pasa por llevar a cabo la desaparición de una persona.
Las críticas contra la ley holandesa surgieron de muchos lugares.
Aparecieron personas con espina bífida que habían salido adelante, y
niños cuyo pronóstico había sido errado. Pero, quizás, el hecho más
importante ha sido la investigación llevado a cabo por el doctor Rob de
Jong, neonatólogo del Sophia Children's Hospital de Rotterdam, con
neonatos con espina bífida en su forma más grave: Mielomeningocele
(MMC).
El estudio iba dirigido a evaluar si los niños con MMC tienen un
«sufrimiento intolerable» y un «pronóstico sin esperanza». Los
resultados aparecen en artículo publicado en octubre de 2007 en la
revista Child's Nervous System, con el título Deliberate termination of
life of newborns with spina bifida, a critical reappraisal.
La conclusión de la investigación es que no se puede aplicar el
concepto de «sufrimiento insoportable y sin esperanzas» a los recién
nacidos con MMC. El término «sufrimiento» es demasiado genérico, y
resulta un denominador inaplicable que no debe ser utilizado. Se ha
demostrado que no pasan por fases de dolor intolerable, y que con las
adecuadas terapias tienen perspectivas de futuro.
Aunque el bebé con MMC tendrá en el futuro que afrontar importantes
obstáculos, su expectativa de futuro y su verdadera experiencia de lo
que significa calidad de vida, no se pueden determinar con certeza en
el momento del nacimiento. Clasificarlos como vidas sin sentido o hacer
juicios sobre calidad de vida, es inaceptable en estos momentos. Los
posibles problemas de estos neonatos se pueden abordar de una manera
preventiva con terapias activas y cuando sea necesario con los
protocoles profesionales de tratamiento del dolor.
No estamos, pues, ante enfermos terminales, sino que los bebés con
espina bífida se convierten en terminales porque se toma la decisión de
no proporcionarles las terapias necesarias.
Si la legalización de la eutanasia se extendiera, ahora sí que
podríamos estar haciendo realidad lo que se dice ocurría en la
Maragatería, por la decisión de no utilizar los medios de los que
disponemos, para curar o cuidar a los enfermos.
Francisco José Ramiro