(Diario Médico, 24 de julio de 2008)
Los profesionales que nos dedicamos a los cuidados paliativos sabemos lo difícil que es para los pacientes convivir con una enfermedad incurable, y por eso cada
día nos enfrentamos al reto de intentar ayudar a estos
enfermos a encontrar un sentido a su vida. Y este reto cada vez es más difícil por la presión que ejerce la actual corriente a favor de la mal llamada "muerte digna": que no es más que una forma encubierta de favorecer la eutanasia. Asistimos a un verdadero espectáculo de intoxicación
y confusión con el único objetivo de implantar una cultura de la muerte como la mejor forma de resolver
el problema de los enfermos
terminales y el sufrimiento
que padecen. Y en medio de esta ceremonia se nos ha ido África Sendino, pero nos ha dejado un legado
que debemos recordar los profesionales que atendemos
a los enfermos incurables
y sus familias.
Gracias, África. Por tu forma
de afrontar la enfermedad
durante tantos años; por tu forma de saber adaptarte
a cada nueva situación, por negativa que ésta fuera; por tu inteligente forma de gestionar y adaptar tu tiempo.
Gracias por demostrarnos
que la vida es un don maravilloso, aunque parezca a veces que no merece la pena
continuar; por enseñarnos
lo que es dignidad, autentica
dignidad, y no una palabra vacía. Gracias por enseñarme a ser mejor persona
y a cuidar mejor a los pacientes terminales.
Tú nos has dejado un maravilloso
testamento vital, que los que te conocimos tenemos
la obligación de transmitir a todos; un testamento que es testimonio de coraje, fe y entereza. Tu magisterio
no va a quedar en vano: has enseñado a muchos
médicos a comprender que el enfermo terminal es por encima de todo un ser débil, el más débil de todo el sistema sanitario, y por ello hay que protegerle, ayudarle y cuidarle como a ninguno. Y en él no cabe la limitación al esfuerzo terapéutico, si por esfuerzo entendemos el cuidado exquisito, la ayuda a la familia, el control de síntomas
y la asistencia psicológica
y espiritual. Ahora dicen que son enfermos que necesitan "cuidados mínimos"
o que son de "baja
complejidad".
Hace exactamente un año explicabas en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo
en qué consistía la dignidad
de los enfermos terminales,
y lo explicabas desde
la autoridad que tu propia
situación te concedía. Pues bien, al parecer hay otros que quieren hacernos creer que vivir como tú lo has hecho no tiene sentido y que los que intentamos durante años ayudarte en tu enfermedad hemos caído en un encarnizamiento terapéutico. Me resisto a admitir que lo civilizado hubiera sido aplicarte la sedación terminal hace unos meses, cuando la enfermedad te tenía postrada físicamente; en esos meses fuiste capaz de escribir muchas reflexiones que espero algun día se publiquen, dabas clases a las enfermeras que te cuidaban y que iban a presentarse próximamente a un examen, nos enseñabas a todos a sonreír y a seguir luchando. Posiblemente en estos momentos estés escuchando a Cafrune. Te envidio, pues los que seguimos aquí tendremos que seguir escuchando a gente decir que hay vidas que no merecen la pena ser vividas y que son una carga para la sociedad.
Pero gracias a ti seguiremos
con ilusión y fuerza la tarea emprendida e intentaremos
conseguir que todos los enfermos terminales sean
atendidos como ellos se merecen, con el cariño, la entrega y la profesionalidad que tú supiste dar a tu trabajo. Gracias, África; te debemos
mucho.
Álvaro Gándara del
Castillo.
Presidente de la
Asociación Madrileña
de Cuidados Paliativos