(El Mundo, 14 de noviembre de 2008)
Eluana podrá
finalmente morir. Esta italiana de 37 años, que desde hace casi 17 se encuentra
en coma irreversible tras sufrir un accidente de tráfico y cuyo padre reclama
desde entonces que le permitan poner fin al ensañamiento terapéutico del que en
su opinión es víctima, en breve dejará de ser alimentada e hidratada de forma
asistida. Así lo decidió ayer el Tribunal Supremo italiano, en un fallo
definitivo e inapelable que pasará a la Historia como la primera sentencia en el
país transalpino que autoriza a prescindir de los aparatos que mantienen
artificialmente con vida a una persona.
Las fortísimas presiones ejercidas por el Vaticano para que
Eluana siguiera recibiendo por sonda la alimentación y la hidratación que desde
1992 le permiten seguir viviendo en estado vegetativo no han dado resultado. El
Supremo ha optado por confirmar la sentencia que el pasado 9 de julio ya emitió
el Tribunal de Apelación de Milán autorizando al padre de la muchacha, en
calidad de tutor, a interrumpir el tratamiento de alimentación e hidratación
forzosa que recibe su hija y que había sido recurrido por la Fiscalía.
«Es la confirmación de que vivimos en un estado de derecho»,
exultaba ayer nada más conocer la sentencia
Beppino Englaro, el padre de Eluana, quien en numerosas
ocasiones ha declarado que la joven no concebía que se pudiera llamar vida a la
existencia de una persona que hubiera perdido completamente sus facultades
físicas. «Mi hija murió en enero de 1992», declaró varias veces.
Sin embargo, muchos en Italia no piensan como él. De hecho, la
decisión del Tribunal Supremo de autorizar la interrupción de la hidratación y
la alimentación que recibe Eluana ha desencadenado un alud de críticas por parte
de representantes de la Iglesia y de exponentes del centroderecha italiano,
incluidos destacados miembros del Gobierno que preside Silvio Berlusconi. «Es
una sentencia de una gravedad absoluta», aseguraba por ejemplo ayer Rino
Fischella, presidente de la Pontificia
Academia, advirtiendo de que la misma abre las puertas en la
práctica a la eutanasia.
Sus palabras se encuentran en línea con la posición oficial del
Vaticano al respecto, revalidada el pasado martes -cuando Italia contenía el
aliento ante la inminencia del fallo del Supremo- por el cardenal mexicano
Javier Lozano Barragán, presidente del Pontificio Consejo para la Salud, quien
no dudaba en asegurar que desconectar a un paciente en coma irreversible
equivale a un «asesinato».
En la Santa Sede,
acostumbrada a ejercer una fuerte influencia en la política italiana, la
decisión del Supremo ha sido especialmente mal acogida. Pero también ha
suscitado críticas en el Ejecutivo del Cavaliere. «Comprendo el suplicio de la
familia, pero eliminar la alimentación y la hidratación a un ser humano que está
vivo equivale a matarlo», dictamina Mara Carfagna, la ministra de Igualdad de
Oportunidades. «La magistratura está introduciendo en Italia la eutanasia. El
Parlamento debe restituir al pueblo su soberanía declarándose a
favor de la vida y haciendo evidentes las graves responsabilidades políticas de
los magistrados, que se han decantado por la muerte», clamaba Alfredo Mantovano,
subsecretario del Interior.
La suspensión de la hidratación y la alimentación asistidas
que recibe Eluana podría hacerse efectiva en cuestión de días. Para ese
objetivo, la muchacha será trasladada de la clínica en Lecco -en la región de
Lombardía- en la que permanece ingresada a un centro sanitario en Udine, la
capital de la región de Friuli, al noreste del país. El motivo: la negativa de
la región de Lombardía -cuya capital es Milán- de poner a disposición de la
joven una estructura sanitaria donde se pueda poner en práctica la sentencia del
Supremo.