(Aceprensa , 10 de noviembre de 2008)
Fuente:
La Croix
Fecha:
10 Noviembre 2008
Entrevistado por
La Croix
(29-10-2008), las respuestas de Leonetti, cuya carrera política no le
ha impedido el ejercicio activo de su profesión de cardiólogo, quieren
clarificar un debate muchas veces confuso.
Mientras
que la Asociación por el Derecho a Morir con Dignidad (ADMD) presenta
la eutanasia como un acto de valentía y de libertad, Leonetti observa
que "no se trata de situaciones de libertad: los que piden morir lo
hacen porque sufren enormemente o porque se sienten abandonados". Dicho
de otra forma, "estas personas están entre la ‘elección' de vivir en un
callejón sin salida o de huir hacia la muerte: esto no es lo que yo
llamo libertad. Libertad sería la de poder cambiar de opinión, pero la
eutanasia es irreversible. Una cifra resulta reveladora en este
aspecto: tres de cada cuatro personas que intentan suicidarse y se
salvan, no reinciden".
Advirtiendo
contra la "estafa" que supone este tipo de reivindicaciones, Leonetti
distingue entre dos tipos de situaciones. Por una parte está la
situación del paciente terminal, cuando al enfermo solo le quedan unos
pocos días o semanas de vida. En este caso, la ley francesa de 2005
sobre el fin de la vida responde a prácticamente todas las situaciones.
"Si
la persona sufre -explica Leonetti-, pueden aumentarse las dosis de
medicamentos, incluso aunque esto implique el efecto secundario de
abreviar la vida. Se puede también dormirla con la ayuda de sedantes, o
detener, si ella lo pide, un tratamiento que la mantenga viva
artificialmente. La ley dice también que, en tales circunstancias, la
calidad de la vida prima sobre su duración. En resumen, la legalización
de la eutanasia resulta inútil en este supuesto".
Cuando la muerte no es inminente
Otra
segunda situación se da en casos de enfermedad grave e incurable, pero
sin que la muerte resulte inminente, como ocurrió con Chantal Sébire
(enferma francesa de cáncer que solicitó la eutanasia.
El
diputado aclara: "Se trata de una situación en la que la persona
reivindica su derecho a morir diciendo: ‘es mi elección, mi libertad,
quiero morir, ayúdeme a hacerlo'. En esta hipótesis la persona puede
suicidarse; es un ‘derecho libertad', pero no es un derecho que pueda
exigir ante la sociedad. En otras palabras, la sociedad no tiene que
asumir ese gesto por ella. Chantal Sébire se suicidó, fue su elección
personal respetable, pero la sociedad no tenía que erigirla en ley".
Frente
al argumento según el cual, al dejar que las personas se las arreglen
como puedan para suicidarse, se las priva de una muerte tranquila,
Leonetti responde:
"Seamos sinceros:
con Internet, quienes quieran matarse sin brutalidad encuentran los
medios. Además, según se ha visto durante los trabajos de la misión
parlamentaria, mientras no haya provocación, ni incitación, ni
manipulación, la asistencia al suicidio no es penalmente reprensible en
Francia. En cierta manera, la excepción de eutanasia, sobre la que
mucho se ha hablado tras el asunto de Sébire, existe ya de hecho: si en
unas circunstancias completamente particulares hay trasgresión, y el
autor la asume y rinde cuenta por ello ante el juez, éste instruirá,
verificará y dará por terminado el asunto si comprueba que ha sido la
solución menos mala".
Eutanasia y opinión pública
Ante
la posibilidad de que la opinión pública se adscriba al discurso
favorable a la eutanasia por su supuesta "modernidad", Leonetti señala
que, en casos como el de Sébire, "por un lado estaba la simplicidad de
la emoción y de la imagen del dolor; frente a ello, un razonamiento que
acepta la complejidad de una situación particular. Pero la imagen es
más fuerte que la razón".
Sin
embargo, advierte que en nuestra sociedad discurren actualmente dos
grandes movimientos: "de una parte, una demanda individual cada vez más
fuerte, donde la reivindicación de cada cual se vive como un derecho;
de la otra, una búsqueda de sentido: sentido de la vida, de la
solidaridad, de la vinculación. No hay que subestimar este segundo
movimiento, que es muy profundo".
"La
eutanasia podría efectivamente aparecer como legítima si no hubiera
respuesta para los sufrimientos atroces. La defensa de la eutanasia
podría parecer moderna, pero con el desarrollo de los cuidados
paliativos ya no lo es. El ‘ocuparse de otro' es la verdadera actitud
moderna. Es falso afirmar, como lo hace la ADMD, que los dos sistemas
pueden coexistir. En realidad son incompatibles porque remiten a
valores radicalmente distintos".