(La Gaceta de los Negocios, 12 de abril de 2004 ? Publicado en The New York Times). Un hospital ha construido hogares para discapacitados.
La independencia llega sigilosamente. Judy Bowman lo averiguó un sábado por la tarde cuando se derramó té por encima, alrededor de un año después de haberse mudado a un edificio especial de apartamentos para personas con discapacidades. Había estado visitando a otro de los inquilinos cuando "una jarra entera de té helado terminó encima de mi".
Podía haber sido algo más que un inconveniente: padece una enfermedad llamada Charcot Marie Tooth, que provoca una lenta degeneración de los músculos de las extremidades y la obliga a usar una silla de ruedas.
Hace tiempo, Bowman habría llamado a su asistente para que le ayudara, pero no quería molestarle durante el fin de semana. Así que condujo su scooter de vuelta al apartamento, se quitó los aparatos ortopédicos de las piernas, se desvistió y se subió al transporte motorizado que le llevó al baño, donde se duchó y se lavó el pelo. Recogió la ropa mojada, la echó al cesto de la colada, se puso un camisón y se metió en la cama. El proceso, lleno de pruebas y errores, de frustración y de triunfo, le llevó cuatro horas, y no pudo acostarse hasta las tres y media de la mañana.
Recordando esa noche, dice: "No puede imaginar lo feliz que estaba". Era la primera vez que se había podido duchar por su cuenta en 25 años. "Caray. Fue como: ¡Soy libre!?
"Ser libre" es de lo que trata el programa Supported Independent Living, según explica Sally Gammon, la responsable ejecutiva del hospital de rehabilitación Good Shepherd. El hospital construyó este complejo de 18 apartamentos como alternativa a un asilo para personas con discapacidad pero que reclaman un cierto grado de independencia.
Algunas personas con parálisis cerebral o esclerosis múltiple, por ejemplo, prefieren vivir lejos de la dependencia completa de un asilo, pero probablemente tendrían problemas en apartamentos normales, con sus muchas barreras de acceso extraños pomos y tiradores, por ejemplo, y mostradores diseñados para adultos que pueden permanecer de pie.
Con fondos del Departamento Federal de Vivienda y Desarrollo Urbano, el programa de viviendas asequibles del Federal Home Loan Bank de Pittsburgh y donaciones privadas, el hospital pudo levantar en 2003 un edificio de cuatro millones de dólares, de los que 2,1 se gastaron en las llamadas tecnologías de asistencia.
Los aparatos
Hay pequeñas cosas que, en su conjunto, marcan la diferencia. Transportes motorizados llevan a los inquilinos de la cama al cuarto de baño y a la silla de ruedas. La altura de los mostradores es ajustable, y las encimeras son lo suficientemente bajas como para que se puedan alcanzar desde la silla.
La lavadora y la secadora son un único aparato, para que no tengan que mover la ropa húmeda y pesada. En algunos apartamentos, los inquilinos pueden encender y apagar las luces, contestar el teléfono y abrir la puerta con un control remoto o con instrucciones de voz.
Mary Jane Frick, la coordinadora de terapia ocupacional del Good Shepherd, dice que los apartamentos no se diseñaron para cubrir todas las necesidades, ni incorporan todas las últimas tecnologías. Lo que hicieron fue buscar el nivel adecuado de tecnología para la mayor cantidad de residentes.
Se van añadiendo aparatos, que eliminan una a una las barreras de los residentes, para que "no tengan que depender de alguien que no pueda llegar si hay una tormenta de nieve", dice Cindy Lambert, la responsable del hospital para relaciones con la comunidad.
Gammon explica que además se ha ahorrado dinero. Según un estudio, durante el primer año las pacientes alojados en los apartamentos necesitaron un 61% menos de dinero público para vivir, unos 26.000 dólares, frente a los 67.000 de quienes habrían podido vivir allí pero no se mudaron al complejo.
Allison Pfingstl, de 26 años, ha vivido un año en los apartamentos. Sufre parálisis cerebral y vivía con sus padres en Allentown (Pennsylvania) hasta que oyó hablar de los apartamentos y solicitó uno. En su casa, sus padres tenían que subirla y bajarla por las escaleras para ir a la cama o darse una ducha.
"Éste era mi sueño, tener realmente mi propio apartamento dice. Quería vivir por mi cuenta, tener independencia, hacer lo que quisiera y cuando quisiera".
Dice que al principio su madre estaba preocupada por que alguien que necesitaba tanta atención se fuera a vivir por su cuenta. "Pero mi padre sólo decía: `A por ello, hija?.